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Columna

Un retroceso a la Edad Media

Estanislao Zuleta repetía en sus clases que la educación es un campo de batalla, donde se libran todas las contiendas por el saber.

Orlando Díaz Atehortúa

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Con el nombramiento de Viviane Morales como ministra de Educación, vale la pena hacer unas consideraciones: somos un Estado laico, con libertad de religión y libre desarrollo de la personalidad, sin que ningún fanatismo particular pueda imponerse sobre las demás.

La señora Morales ya mostró sus cartas. Sus palabras delatan ideas encaminadas a un retroceso cultural y educativo: “Hay que sacar a Marx de la educación y meter a Dios”; y también, “Hay que reivindicar la enseñanza de los valores, inspirados en la tradición judeocristiana”. Frases excluyentes, impropias de quien debe representar a todos los colombianos, sin importar su credo.

Estanislao Zuleta repetía en sus clases que la educación es un campo de batalla, donde se libran todas las contiendas por el saber: por aprender a pensar por sí mismo, por conocer los significados de la libertad, la independencia y la autonomía. Los profesores de las universidades públicas lo saben, o al menos algunos. Lo primero que hay que desarrollar en los estudiantes es el pensamiento crítico, sin condicionamientos, para que disciernan por sí mismos qué es lo bueno o malo para ellos. La pretensión, es claro, inculcar que sean hombres de bien, como dice aquella breve frase: “Hacer lo correcto, simplemente porque es correcto”. A veces, es lamentable, se tuercen por el camino. Son otras opciones, como el ser de otra religión, no solo de la católica o cristiana.

Es indudable, no la tienen fácil. Varios filósofos analizan esta modernidad tardía, obsesionada con la competitividad y la rentabilidad. En donde el capitalismo ya no es medio, sino fin en sí mismo. Además, la sociedad de consumo deja cada vez menos espacio al razonamiento crítico y al debate constructivo. Confucio meditaba: “Si estoy caminando con otros dos hombres, cada uno de ellos será mi maestro. Seleccionaré los puntos positivos de uno y los imitaré, y los aspectos negativos del otro y los corregiré”. Seguía así a Sócrates y su mayéutica, el arte de preguntar. Los gobernantes de su época lo tildaron de subversivo y lo obligaron a beber la cicuta.

Hoy, pensar de forma autónoma se torna, de nuevo, sospechoso. No tardará la ministra en advertir que enseñar, como lo han venido haciendo algunos profesores, estaría “pervirtiendo” a la juventud.

Cómo olvidar aquel hermoso Manifiesto Liminar de Córdoba, Argentina, de 1918: sobre la protesta estudiantil, que exigió autonomía universitaria, cátedra libre y una enseñanza científica y laica, y que costó la vida de varios estudiantes. Eco que se repitió en Colombia,1971,con un plural saldo de muertos.

Tal vez envalentonados por los dichos de la nueva ministra, algunos congresistas —Carol Borda y Sara Castellanos, de Salvación Nacional; Luis Miguel López, del Partido Conservador; y el representante David Cote— radicaron un proyecto para reformar el artículo 11 de la Constitución. Buscan que el derecho a la vida rija desde la fecundación. La iniciativa quiere cambiar la Sentencia C-055 de 2022, de los magistrados Antonio José Lizarazo Ocampo y Alberto Rojas Ríos, que permitió la interrupción del embarazo hasta la semana veinticuatro. Catorce congresistas quieren tomar decisiones, basadas en su fe personal, sobre el cuerpo de la mayoría de las mujeres colombianas.

Menos mal que aún tenemos una Corte Constitucional deliberante y seria, y un Congreso con mayorías progresistas, capaces de frenar semejantes despropósitos. El pueblo no puede permitir que se manosee, de forma tan grotesca, la Constitución, la jurisprudencia de la Corte Constitucional y la educación de este país. Que ese retroceso a la Edad Media no pase de ser un espantoso sueño de la ministra: la historia ya sabe adónde conduce confundir el púlpito con el pupitre.

Adenda

Los caprichos del próximo gobierno de Abelardo de la Espriella resultan, cuando menos, grotescos: desde la posesión, dejando atrás la simbología de la Casa de Nariño, para instalarse en Cali, hasta la idea de crear sedes de gobierno alternas en Barranquilla y otras capitales. ¿Quién tanto habló de austeridad en campaña? Hoy, también preocupa la difusión de un video, en que canta su propia versión, distinta a nuestro símbolo patrio. Como abogado, debería saber que el himno nacional está protegido por la Ley 33 de 1920. Esta ley reconoció la letra del expresidente Rafael Núñez y la música del compositor italiano Oreste Síndici. Amanecerá y veremos.

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