El 1 de octubre de 2020 la esperanza cubrió como un manto protector a los habitantes del Caribe colombiano. Ese día el gobierno del presidente Iván Duque protocolizó el cambio de operador del servicio de energía eléctrica en este territorio, asegurando que quedarían atrás las frustraciones de millones de personas que habían sufrido por 20 años las penurias ocasionadas por una empresa que se les convirtió en verdadera pesadilla: Electricaribe. Aquel día de octubre la comunidad regional se contagió de la euforia del gobierno, que ratificaba la liquidación de Electricaribe y daba a conocer los nuevos prestadores del servicio eléctrico en los siete departamentos del norte de Colombia: Afinia, que cubriría a Bolívar, Córdoba, Cesar, Sucre, y 11 municipios del Magdalena, y A-ire, con cobertura en Atlántico, Magdalena y La Guajira.
Para decirlo de una vez por todas, el remedio está resultando peor que la enfermedad. Solo me referiré a Afinia, filial de la muy reconocida Empresas Públicas de Medellín (EPM), porque he sufrido, como miles, sus deficiencias. Ya lo había advertido desde el 17 de agosto de 2024, en una columna publicada en este mismo diario, titulada: ‘Inadmisible’. Entonces decía en uno de los apartes del texto: “No hay día que pase sin que Afinia corte el servicio de energía en diferentes barrios de Cartagena y municipios de los departamentos donde opera esta empresa”.
Sigue siendo igual. Si no, peor. No más ayer los habitantes de La Boquilla bloquearon el Anillo Vial para protestar por la falta del fluido eléctrico durante tres días seguidos. Así sucede en muchas otras partes del Caribe. Si las protestas por el mal servicio se hicieran en todos los barrios de las ciudades y los municipios en un solo día, de seguro la parálisis sería total; pero Afinia ya normalizó los cortes. A diario aparecen los mensajes en medios masivos y redes sociales anunciando la suspensión del servicio en ciudades y pueblos, como si fuera lo más habitual del mundo. No hay derecho.
Si alguien se tomara el trabajo de sumar las horas de cortes desde octubre de 2020, de seguro se armaría un escándalo. Afinia dice que ha invertido, desde 2020, más de 3,2 billones de pesos para modernizar redes y subestaciones, y reducir las horas de interrupción del servicio; pero los usuarios siguen sufriendo con los cortes, programados o no. Un territorio tan estratégico para Colombia como el Caribe, necesita que su penosa realidad con el servicio de energía, el más caro del país, quede en el pasado; para modernizarse, ser competitivo y hacer justicia.
