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Columna

Adolfo Meisel Roca

“Invito a los lectores a acompañarnos el próximo 13 de agosto en la Biblioteca Bartolomé Calvo de Cartagena, para reflexionar sobre la obra de un académico que ayuda a que Colombia entienda mejor su historia, sus regiones...”.

Jaime Bonet

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En Colombia hay investigadores que no solo producen conocimiento, también cambian la manera como entendemos el país. Adolfo Meisel Roca es uno de ellos. Su trabajo ha contribuido a explicar las raíces históricas de nuestros problemas económicos, el origen de las desigualdades regionales y los caminos para construir un desarrollo más equilibrado. Su obra constituye hoy una referencia obligada para quienes estudian la historia económica y las regiones colombianas.

Su trayectoria intelectual se ha caracterizado por una extraordinaria amplitud temática. Ha investigado la economía colonial de la Nueva Granada, la historia de Cartagena y el Caribe, la esclavitud, la historia empresarial, la banca central, las finanzas públicas, la educación, la demografía histórica y la evolución de la calidad de vida de los colombianos. Pocos académicos han logrado producir aportes significativos en campos tan diversos.

Quizás su contribución más influyente ha sido ayudarnos a comprender las desigualdades regionales. Sus investigaciones sobre el rezago de la Costa Caribe, la persistencia de las brechas territoriales y la necesidad de políticas diferenciadas para las regiones contribuyeron a posicionar estos temas en la agenda académica y de política pública nacional.

Una de sus mayores fortalezas ha sido la capacidad de comunicar los resultados de sus investigaciones a públicos muy distintos. Lo ha hecho a través de publicaciones en revistas académicas nacionales e internacionales, pero también mediante libros, conferencias y columnas de opinión que acercaron el conocimiento especializado a un público más amplio.

Quienes hemos tenido la fortuna de trabajar con él conocemos además la rigurosidad con la que aborda cada proyecto. Sus análisis se apoyan en los mejores referentes de la economía y la historia, pero nunca pierden de vista la realidad concreta de las regiones. Combina la sofisticación metodológica con el trabajo de campo y el conocimiento directo del territorio. Nunca olvido una de sus recomendaciones más frecuentes: ir a la plaza del pueblo a conversar con la gente o leer a los autores locales para comprender mejor la realidad que se quiere estudiar.

Por ello resulta especialmente oportuno que la Asociación Colombiana de Historia Económica y Empresarial, el Centro de Estudios Económicos Regionales (CEER) y la Academia de la Historia de Cartagena le dediquen un seminario para analizar el alcance de sus contribuciones intelectuales y su impacto en el conocimiento de Colombia.

Invito a los lectores a acompañarnos el próximo 13 de agosto en la Biblioteca Bartolomé Calvo de Cartagena, donde colegas, investigadores y amigos reflexionaremos sobre la obra de un académico que ayuda a que Colombia entienda mejor su historia, sus regiones y sus posibilidades de desarrollo. Será un merecido homenaje a una vida dedicada al conocimiento y al servicio público.

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