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Columna

Autoridad ante todo

“La autoridad se encarna en hechos de justicia, solidaridad, fraternidad, diálogo y coherencia, que señalan que amamos a Dios, a quién no vemos porque amamos a los hermanos a quienes vemos”.

Ignacio Antonio Madera Vargas

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Podemos tener mucho poder, pero no tener autoridad. Podemos determinar en el hogar qué se hace y qué no; en los puestos de trabajo, hacer que se cumplan órdenes y realicen tareas específicas porque somos capaces de decidir a nuestro antojo; y a pesar de todo ello no tener autoridad, porque una cosa es tener poder y otra muy distinta tener autoridad.

La gran crítica de Jesús es llamarle servicio al poder, es distorsionar con los hechos lo que se ha dicho. Por ello, lo que caracteriza la autoridad de Jesús es la perfecta coincidencia entre lo que dice y lo que hace. Y en eso consiste tener autoridad; esa profunda coincidencia consigo mismo; por eso no “basta decir Señor, sino buscar la voluntad del Padre” ( Mt 7, 21,23) Y esa voluntad es realizar desde ya en la historia humana la vivencia de los valores del Reino de Dios.

Las redes sociales, la inteligencia artificial desordenada y abusivamente utilizada, las tecnologías de la comunicación y la información al servicio de intereses económicos e ideológicos implícitos nos sumergen en el mar de la incertidumbre, porque se dicen unas cosas y se hacen otras absolutamente contrarias. El lenguaje va perdiendo su posibilidad de hacer cosas con palabras, porque se ha hecho infeliz al ser utilizado en función de intereses lesivos del bien común y de la necesaria y urgente respuesta a las angustias y esperanzas de los más pobres.

Para Jesús de Nazaret, entre sus seguidores no existen privilegios ni personas que sean más que otras, porque eso sucede entre los jefes de las naciones que las oprimen, pero no será así entre nosotros: “Entre ustedes el que quiera ser el primero que se haga el servidor de todos” (Mc 9,35), contexto desde el cual se comprende que para Él “los últimos sean los primeros” (Mt 20,16) y que los juegos de influencia cesen, porque es al Padre a quien le toca decidir “quién se sienta a su derecha o a su izquierda” (Mt. 20,23).

Urge recuperar la autoridad como servicio a la igualdad fundamental como hijos e hijas de Dios; recuperarla como capacidad de escuchar y actuar ante los gemidos de quienes sufren por la pobreza, enfermedades sicológicas o dependencias digitales. Recuperar la capacidad de ser compañero o compañera de camino de todos los que entre luces y sombras van luchando por superar sus limitaciones y convertirse en testigos, por sus hechos, de la bondad de Dios que apareció en Jesús de Nazaret.

La palabrería que arma en contraste con la palabra que desarma, los discursos que acusan en contraste con la apertura genuina al diálogo; porque la diversidad es oportunidad de unidad y no de contienda. Entonces la autoridad se encarna en hechos de justicia, solidaridad, fraternidad, diálogo y coherencia, que señalan que amamos a Dios, a quién no vemos porque amamos a los hermanos a quienes vemos (1 Jn 4,8-21).

*Teólogo Salvatoriano, Parroquia Santa Cruz de Manga.

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