Columna

Cine para instruir al pueblo

“Similar valoración moralista aparece con ‘La repartidora de pan’ y ‘Los misterios de París’, cuando un comentarista estableció: ‘Cintas como estas son dignas de repetirse muchas veces por lo instructivas que son...”.

Ricardo Chica Geliz

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El 16 de abril de 1912 el periódico ‘La Época’ se quejó de las películas anunciadas que no se exhibían, se señalaron fallas cada vez que se reventaba la cinta y regañaron al público por su mal comportamiento. Para entonces, el cine ya tenía gran aceptación, veamos:

“Últimamente ha dejado algo que desear este lugar de recreo y solaz. Más, a pesar de todo, no ha escaseado la gran concurrencia que desde las primeras funciones asiste. El mal ha consistido, si así puede decirse, en que con mucha frecuencia se queman las películas, lo que origina unas broncas monumentales en el gentío que va a entrada general, con el consiguiente coro de palabras descompuestas que hieren los oídos desagradablemente. También se ha notado en las últimas funciones que ya la titilación es notable, lo que perjudica sobremanera los ojos. De paso le aconsejamos a la empresa que no anuncie vistas que después no van a ser exhibidas, pues eso, cuando menos, va en perjuicio de su buen nombre”.

El grito, el chiflido y el vocabulario soez eran denunciados ante la presencia de mujeres en el cine:

“(…) La concurrencia, como es natural, va cada día en aumento, y si cierta parte del público guardara algo más de compostura, la concurrencia de señoras a los palcos sería mucha también; pero mientras las cosas marchen como hasta hoy, esto no es posible; no hay señora que se resuelva a que le revienten el tímpano del oído con una de esas palabras semejantes al estallido de un cañón, o con uno de esos silbidos que penetran como saeta hasta lo más profundo del órgano auditivo. A la empresa le convendría poner los medios para evitar que estas irregularidades que se verifican, precisamente, porque no hay quien llame la atención, pues nuestro pueblo es especialmente dócil y accesible a los mandatos de la autoridad”. (La Época, 30 abril 1912).

Por su parte, el periódico El Porvenir comentó la película ‘Historia de un mozalbete’ en el Salón Universal: “Es esta cinta sumamente interesante, de gran efecto escénico, de argumento altamente moral y de una real demostración de todo lo que puede el soez maltrato y la gran indiferencia hacia el hogar de un mal padre entregado al fatídico vicio del alcohol. ‘Historia de un mozalbete’ es una lección que debieran aprender muchos seres que andan por esas calles de Dios viendo impávidos el triste derrumbamiento de sus hogares dignos de mejor suerte”. De esta forma, la clase letrada manifestaba su desconfianza en el pueblo y su visión moralizante de la sociedad.

Similar valoración moralista aparece con ‘La repartidora de pan’ y ‘Los misterios de París’, cuando un comentarista estableció: “Cintas como estas son dignas de repetirse muchas veces por lo instructivas que son y por gustarle mucho a nuestro público” (El Porvenir, 5 marzo 1913).

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