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Columna

‘Cien años de soledad’ - la serie

“Es considerada la producción colombiana más cara de la historia, con un monto no oficial, calculado en más de 50 millones de dólares y una de las series de Netflix más costosas que se ha hecho fuera de Estados Unidos...”.

MARTHA AMOR OLAYA

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Después de dos semanas tan difíciles elijo hablar de esta obra, antes de la absurda realidad nacional o internacional que acongoja. Porque son precisamente las obras de arte las que tienen la capacidad de comprender y traducir muy bien el eco de los tiempos, el sentido de la historia y la esencia de lo humano. La grandeza de una obra también se mide, en parte, por sobrevivir al paso del tiempo con pertinencia y vigencia.

Así pues, no pude evadir el dolor de la realidad nacional si eso era lo que buscaba con ‘anestesiarme’ viendo una serie, porque fue profundamente doloroso ver en la pantalla, como reflejo de la obra de Gabriel García Márquez, lo que siempre hemos sido.

Aunque la universalidad de este texto se proclama por la genialidad narrativa de su autor, también deriva de que sus temas, entre otros, la violencia y la lucha por tener y por el poder, no son una condición exclusivamente colombiana, sino humana. Pero es inevitable, por los códigos y referentes locales que tiene la obra, creer que es una marca muy nuestra, y por lo tanto, sentir dolor por vernos tan fielmente reflejados después de cerca de 60 años de haber sido escrita, o sencillamente poder constatar que hablan de nuestros propios cien años de soledad, y que, como bien remata el libro, “ello nos condena a no tener una segunda oportunidad sobre la tierra”

El expresidente Santos citó esa frase, en positivo, el día de la firma de los acuerdos de paz aquí en Cartagena, y fue inevitable emocionarse. Hoy reconozco la ingenuidad de entonces y la desesperanza que conlleva tal revelación. Un poco se compara con el desaliento y la derrota expresada en Aureliano Buendía después de una infructuosa vida combativa.

Entonces sí, la experiencia de ver la serie fue dolorosa, pero de apreciarla como producto artístico y estético es inmensamente enorgullecedor. Esta segunda temporada, que aún no termina (último capítulo, 26 de agosto) es muy superior a la primera en todos los aspectos en que pueda medirse. Estuvo dirigida, ahora en su totalidad, por Laura Mora, quien es de Medellín y es la primera directora colombiana en ganar la Concha de Oro del Festival de San Sebastián, uno de los premios más prestigiosos del circuito europeo, por ‘Los reyes del mundo’ (2022), película que además representó a Colombia en los Premios Óscar de 2023. Antes de eso, con ‘Matar a Jesús’ (2018), su ópera prima, tuvo mención especial en la sección de nuevos directores de San Sebastián.

Esta serie es una hazaña, tenía el reto monumental de “traducir” al formato audiovisual el texto fundacional del realismo mágico y una de las obras en español más estudiadas en el mundo. Algunos la describen como una Biblia que narra desde el Génesis hasta El Apocalipsis de un pueblo. Laura y su equipo lo lograron, y con lujo de detalles. Es considerada la producción colombiana más cara de la historia, con un monto no oficial, calculado en más de 50 millones de dólares y una de las series de Netflix más costosas que se ha hecho fuera de Estados Unidos. Una apuesta por el talento colombiano, gracias a la condición impuesta por los hijos de Gabo. Si no la ha visto, no se la pierda. Y a la primera temporada téngale un poquito de paciencia, sus primeros capítulos no son tan afortunados, pero con el paso de los episodios se va poniendo mejor.

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