Comienzo con esta columna una serie de tres sobre uno de los temas que protagoniza la actual ‘batalla cultural’ que se vive, entre otros países, en Colombia: la Hispanidad. Es decir, cuál es y cuál ha de ser la identidad de las repúblicas latinoamericanas. Después de un par de décadas donde las izquierdas dominaron la escena política latinoamericana y con ella decidieron el discurso ideológico dominante, el péndulo ha girado al otro extremo y son ahora las derechas las que, una por una, se hacen con los gobiernos latinoamericanos asumiendo no sólo el poder político, también la determinación de las cuestiones que protagonizan el debate político.
Durante los últimos años asistimos a gobiernos de izquierdas identificados con los movimientos indigenistas, que establecieron un marco conceptual en el que la herencia hispana de las repúblicas americanas se identificaba tanto con la explotación secular como con las actuales injusticias sociales, para, a continuación, proponer un modelo político de corte socialista asociado a un nuevo marco de identificación colectiva que expulsase lo español y construyese la identidad latina alrededor de lo indígena y, en menor medida, lo afro. Así, se aprobaban nuevas Constituciones al tiempo que se derribaban estatuas y se planteaban nuevos derechos (de los indígenas, de la naturaleza) mientras se reinterpretaba la historia. Se identificó al español de hace siglos con el explotador del presente y al indio del XVI con el trabajador abusado de la actualidad.
Tras la pérdida del poder sufrida por la mayoría de estos proyectos y su substitución por opciones políticas radicalmente diferentes, se percibe en las sociedades americanas un deseo de volver a plantearse de dónde viene Latinoamérica (el propio nombre es objeto de debate) y si verdaderamente las raíces con las que hay que identificarse son las indígenas o las españolas (muy significativo es que el presidente De La Espriella tenga por asesor al profesor Serrano). Por resumirlo groseramente, si las izquierdas construyeron el ideal de la América Indígena, las derechas parecen querer redescubrir a la América Española. Por ello, con estas tres columnas sucesivas quiero tratar de dar respuesta a las siguientes preguntas: ¿acierta la derecha al identificarse con la Hispanidad, como la izquierda se identificó con los indígenas? ¿Tiene sentido hablar de Hispanidad en el siglo XXI? Y si lo tuviese, ¿en qué debería consistir la Hispanidad para ser un proyecto (utilizando el concepto de Julián Marías) de utilidad para los americanos actuales?
