Verdades que duelen, realidades que animan: cartageneros de nacimiento o por adopción, ausentes los últimos dos años de su ciudad, no dejan de asombrarse y deleitarse contemplando su renacimiento urbanístico; sin embargo, lastimosamente persisten realidades antagónicas. En contraste con la magia Caribe -murallas, castillos, balcones floridos, playas encantadoras, enjambres de turistas de todo el mundo-, persisten cinturones de miseria, hambre, violencia e informalidad, mientras los recursos indispensables para sobrevivir honestamente están lejos de integrarse a una sociedad justa y equitativa, a pesar de que los recientes indicadores muestran significativos avances en el campo social: disminución de pobreza extrema y cero embarazos en niñas y adolescentes, resultados educativos esperanzadores, frutos del arduo trabajo ejercido por el actual alcalde mayor, doctor Dumeck Turbay, y su ponderado equipo de gobierno.
Permanecen inamovibles el maltrato infantil que, según Nelson Madela, Premio Nobel de Paz: “La verdadera medida del desarrollo de una sociedad se mide en cómo trata a sus miembros vulnerables”. ¿Quién lo duda? Si permitimos que un niño crezca con hambre física y mental, privaciones afectivas, violencia, abandono, convertido en mercancía sexual, construiremos ciudades materialmente hermosas, pero humanitariamente enfermas y desvertebradas, por lo que deberían escuchar a todo aquel que levante la voz exigiendo priorizar la vida y la dignidad, poniendo el dedo en la llaga física y social, por parte de ciudadanos íntegros que expresan verdades que pocos se atreven a decir. Como lo expresa Saint Exupéry: “Lo esencial, muchas veces, es invisible”.
El alcalde Dumek Turbay recibió una urbe desbaratada, a la deriva, y, desde el primer instante, agarró el timón para conducirla por caminos de progreso con equidad, rumbo a la ciudad que merecemos. Lastimosamente, mientras exista la fétida subasta de niños y adolescentes para abusar, embarazar y contagiar con enfermedades venéreas, significa que aún estamos lejos de la ciudad que merecemos. Sin duda, tan delicada y dolorosa catástrofe humanitaria no es solo tarea del alcalde y su equipo de gobierno, nos involucra a todos los cartageneros de nacimiento o por adopción: llegó la hora de extirpar ese cáncer social que nos avergüenza, colocando todos los esfuerzos como si fueran nuestros hijos y nietos, solo así hallaremos el camino en busca de la Cartagena que soñamos y merecemos: justa y equitativa. Por esto acepté el reto y, en mi calidad de presidente del Capítulo Bolívar del Colegio Médico Colombiano, que agremia 20.639 galenos en todo el país y en representación de 181 Mipymes en Cartagena y Bolívar, que me designaron su represente en esta cruzada, de participar activamente en consejos de carácter consultivo coordinados por el Dadis, en manos expertas y con el corazón solidario del doctor Rafael Navarro España, a quien entregamos oficialmente seis propuestas ciudadanas en espera del visto bueno del señor Alcalde: un Hospital Neuro Psiquiátrico, Educación Médica Continuada, un obelisco en homenaje a la Misión Médica caídos durante la pandemia por Covid-19; la edición del libro ‘Galenos de Carne y Sueños’, que es un homenaje a nuestros maestros, cuya memoria fertiliza la atención científica humanizada que tanta falta nos hace; ‘Noli Me Tangere’, estrategia lúdica-educativa dirigida a detener el pútrido comercio sexual de nuestros niños y jóvenes, proyectos debidamente sustentados que entregamos al director del Dadis y a María Patricia Porras, secretaria General del Distrito, convencidos de que, con el apoyo distrital y el de todos los cartageneros de nacimiento o devoción, retornarán las luces solidarias, la dignidad y mandarria que el ‘Tuerto’ López atribuía a los cartageneros: invencibles Águilas Caudales.
