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Columna

El empleo necesita una conversación de ciudad

“La ciudad ya tiene alertas suficientes para discutir la situación del empleo como un asunto prioritario y tomar acciones que permitan generar capacidad real para gestionar los cambios del mercado laboral”.

Eliana Salas Barón

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Hay datos que no deberían pasar desapercibidos. De acuerdo con el DANE, en el primer semestre de 2026, Cartagena llegó a una tasa de desempleo de 13,5%, un año atrás era de 9,8%.

Con los nuevos datos del trimestre mayo - julio la alerta permanece, la tasa de desempleo llegó a 13,6%, frente al 9,9% del mismo periodo en 2025.

En doce meses se han perdido 11.700 empleos y aumentaron en 18.300 las personas desocupadas. Cartagena pasó de 420 mil personas ocupadas a 409 mil, una reducción de 3%.

Fuimos, además, la única de las seis principales capitales que perdió ocupados. Con este panorama, tenemos hoy la segunda tasa más alta entre las ciudades del país, solo por debajo de Quibdó (23%).

El aumento del desempleo no se explica porque muchas más personas hayan salido a buscar trabajo. La participación laboral se mantuvo en 63%; lo que cayó fue la ocupación, que pasó de 56,9% a 54,7%; es decir, hoy hay menos personas trabajando porque hay menos empleo disponible.

La Heroica mostró una ligera disminución en la tasa de informalidad para el trimestre mayo - julio, que pasó de 48,7% en 2025 a 48,1% en 2026; sin embargo, esto requiere una lectura cuidadosa.

A diferencia de ciudades como Bogotá, Medellín, Barranquilla, Cali y Bucaramanga, en Cartagena la caída no se explica por la creación de empleo formal, sino porque hay más gente saliendo de la informalidad a la desocupación. Por eso, aunque aumentó el empleo formal, la ciudad terminó con menos personas trabajando que un año atrás.

La ciudad ya tiene alertas suficientes para discutir la situación del empleo como un asunto prioritario y tomar acciones que permitan generar capacidad real para gestionar los cambios del mercado laboral.

Es necesario definir quién en la ciudad debe estar anticipando dónde estarán los empleos de los próximos años. Quién está conectando la formación con las necesidades productivas. Quién está identificando las oportunidades de crecimiento y las capacidades que necesitará la ciudad para aprovecharlas; y así orientar decisiones de formación, inversión y desarrollo económico.

En una ciudad donde hay 34,6% de pobreza, esto no es un reto menor. Tomar decisiones frente a esta realidad significa ayudar a mejorar la situación de miles de hogares y aumentar las posibilidades de que Cartagena reduzca, de manera sostenida, sus niveles de pobreza.

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