Después de varios meses de rigurosa investigación en el Archivo General de Indias, en Sevilla -y de consumir suficiente jamón ibérico como para comprometer mi colesterol-, puedo anunciar un descubrimiento que cambiará la historia naval del mundo. Encontré la fotografía del artillero inglés que hundió al Galeón San José. Se llamaba John Evans y servía bajo las órdenes del comodoro Charles Wager, comandante de la escuadra inglesa que atacó la flota en 1708. La foto es contundente: Evans padecía un estrabismo de padre y señor mío. Era bizco. Además, la foto era nítida, algo sorprendente para 1708. Debió tomarla algún marinero con un iPhone de la época o un dron real de la Armada británica.
La investigación encaja bien. En su persecución, el San José venía tan repleto de monedas y lingotes que los ingleses podían escuchar desde el HMS Expedition el jadeo por cansancio del pobre galeón. Al poco tiempo lo alcanzaron. Wager, naturalmente, quería el tesoro, no mandarlo a 600 metros de profundidad. La orden fue clarísima: “¡Disparen a los lados! ¡Asústenlos, pero no me hundan ese barco!”. El cargamento hoy podría valer miles de millones de dólares. El problema fue que Wagner no sabía que tenía a Evans a su lado. El bizco, empoderado, apuntó el cañón convencido que cumpliría la orden, pero uno de sus ojos estaba mirando a Cartagena y el otro, quizás, hacía Mompox. ¡Pum! La explosión, y minutos después, el San José se fue al fondo.
Entendí entonces por qué los ingleses habían ocultado durante tres siglos semejante historia. Contacté inmediatamente a Lucy Noakes, presidenta de la Royal Historical Society, solicitando ser admitido como Fellow por mi aporte a la historia. Nunca respondió. No me rendí. Viajé a Madrid y presenté la prueba ante Carmen Iglesias, directora de la Real Academia de la Historia en España. La señora examinó la foto y objetó que Evans no parecía “lo suficientemente bizco” para ejecutar ese disparo. Propuse conseguir un oftalmólogo - historiador. La discusión se volvió bizantina y terminé prácticamente expulsado.
Regresé triste a Cartagena y llevé mi hallazgo a la Academia de Historia. Su presidente, mi amigo Haroldo Calvo, miró la fotografía durante diez segundos y me dijo: “Mi estimado Kike, me da pena, pero tienes el barco equivocado. Esa foto es del HMS Portland. Evans jamás estuvo en el Expedition”, remató. Quedé plop, como Condorito. Meses de investigación destruidos en diez segundos. Todavía me queda una esperanza: demostrar que Evans, por bizco, se subió al Expedition.
