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Columna

Por un partido social demócrata

“Un partido socialdemócrata puede ser ese punto de encuentro que hoy parece perdido. Puede ser la casa política de quienes quieren reformas sin incendiar las instituciones...”.

Mauricio Cabrera Galvis

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Colombia necesita hoy un verdadero partido socialdemócrata que equilibre economía de mercado con Estado social fuerte, defendiendo la igualdad, la democracia pluralista, los derechos laborales, la sostenibilidad ambiental y el interés público.

La socialdemocracia es una forma de gobernar que combina libertad económica con responsabilidad pública, iniciativa privada con regulación estatal, crecimiento con redistribución, competitividad con derechos laborales, y sostenibilidad ecológica con prosperidad y justicia social. Una sociedad justa requiere tanta libertad como protección a los vulnerables, tanta competencia como solidaridad, tanto mercado como Estado. Los partidos socialdemócratas europeos han demostrado que se puede avanzar hacia esta utopía.

Durante buena parte del siglo XX, el Partido Liberal encarnó esa tradición en Colombia. Fue el motor de reformas modernizadoras, de la ampliación de derechos civiles, de la educación pública, de la separación entre Iglesia y Estado, y de la consolidación de un Estado laico y pluralista.

Sin embargo el partido abandonó esa identidad y se volvió un vehículo para transacciones políticas, más interesado en los puestos y en los contratos que en buscar el poder para transformar la sociedad, dejando un vacío en el espacio político colombiano.

Este vacío es grave porque los principios socialdemócratas de pluralismo, sostenibilidad, interés público y justicia social enfrentan hoy amenazas profundas. La democracia pluralista está bajo presión por el avance de movimientos autoritarios y nacionalistas que erosionan las instituciones desde dentro, amenazan a la prensa libre, polarizan a la sociedad y concentran poder en liderazgos personalistas que sustituyen el interés público por la lealtad al caudillo

Más allá de las categorías vacías de centro, izquierda o derecha, Colombia necesita con urgencia una fuerza socialdemócrata moderna que rompa la lógica de extremos que ha dominado la política reciente. Un partido capaz de hablarle a quienes quedaron desilusionados con el gobierno anterior, pero que también están preocupados y asustados con el rumbo del actual; un partido que no se construya desde el miedo ni desde la rabia, sino desde la responsabilidad y el interés público.

Un partido socialdemócrata puede ser ese punto de encuentro que hoy parece perdido. Puede ser la casa política de quienes quieren reformas sin incendiar las instituciones, de quienes defienden la democracia sin renunciar a la justicia social, de quienes exigen sostenibilidad ambiental sin sacrificar la equidad. Puede ser el lugar donde vuelvan a encontrarse los ciudadanos que ya no creen en los caudillos, que ya no quieren elegir entre dos miedos, que creen que es posible construir un futuro común sin destruirnos.

Colombia no necesita más gritos, ni más venganzas, ni más líderes que prometen salvar al país mientras lo dividen. Colombia necesita una alternativa seria, ética y competente que devuelva la política a su propósito esencial: mejorar la vida de la gente. Un partido socialdemócrata puede ser esa alternativa que nos devuelva la esperanza. Es una larga marcha que, si se recorre con rigor, con valentía y con convicción, puede abrirle a Colombia un futuro que hoy parece lejano, pero que sigue siendo posible.

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