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Columna

Rafael Mejía López: excepcional amigo del campo

“Fuimos colegas en los escenarios de la institucionalidad agropecuaria, como la Comisión Nacional de Crédito Agropecuario, Finagro, ICA y Vecol, donde defendimos los intereses de los productores agropecuarios...”.

JOSÉ FÉLIX LAFAURIE RIVERA

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Murió Rafael Mejía. Y aunque quizás la Colombia urbana no conozca mucho de él, para el sector agropecuario, para sus agricultores, para el campo, que hoy llamamos la Colombia rural, su partida es una gran pérdida. Se fue uno de los dirigentes gremiales más importantes del sector en las últimas décadas.

Una bandera suya como presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC) fue la reducción de la brecha entre lo rural y lo urbano, derivada del sesgo anti-rural del modelo de desarrollo, tema compartido sobre el que escribí en un libro hace años: “El campo no ha tenido enemigos, pero le han faltado amigos en los niveles de formulación de política pública y de toma de decisiones”.

Pues bien, dentro del entorno común de la dirigencia gremial, Rafael fue un excepcional amigo del campo. Al retirarse de la SAC en 2016 le manifestó a nuestro periódico virtual, CONtexto Ganadero, su satisfacción por haber contribuido a reducir esa brecha entre las dos Colombia.

Fuimos colegas en los escenarios de la institucionalidad agropecuaria, como la Comisión Nacional de Crédito Agropecuario, Finagro, ICA y Vecol, donde defendimos los intereses de los productores agropecuarios. Allí conocí al dirigente y también a una persona rigurosa, disciplinada y amable. Rafael no llevaba a las reuniones solo posiciones, sino argumentos, que defendía con verticalidad, respeto y mesura. Conocía el campo y sabía que detrás de cada decisión pública había familias, empleos y regiones beneficiadas o perjudicadas.

Su trayectoria al frente de la SAC coincidió con un periodo de apertura comercial y discusiones sobre competitividad, de cara a la negociación de tratados de libre comercio. En esos ‘cuartos de al lado’ libramos importantes batallas. En la negociación del TLC con Estados Unidos insistimos en una realidad que los negociadores pretendían ignorar: la asimetría agropecuaria era evidente. Nuestros productores debían competir con un sector muy tecnificado, una infraestructura rural inmejorable y un gran apoyo estatal.

Por la misma razón, la negociación con la Unión Europea fue difícil, sobre todo para el sector lácteo, que ambos defendimos. No estábamos en contra del comercio, pero advertimos al Gobierno que abrir el mercado sin construir condiciones de competitividad, podía convertir la oportunidad en amenaza.

También tuvimos diferencias. Una de ellas a raíz de la decisión de la SAC de apoyar, aunque con distancia, las negociaciones de Santos con las Farc, que Fedegán rechazó. Fueron valoraciones gremiales diferentes y respetables, que ventilamos sin que afectaran el respeto mutuo.

Mi adiós y el de los ganaderos colombianos a Rafael: ganadero también y excepcional amigo del campo.

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