comscore
Columna

La muerte de un rey en Noruega

“Como decía Kant, hay que diferenciar entre quién gobierna y cómo se gobierna...”.

Alfredo Ramírez Nárdiz

Compartir

La semana pasada murió Harald V, Rey de Noruega. No sé si están al corriente. En el funeral se reunieron reyes y príncipes para despedir al finado y presentar sus respetos al pueblo noruego. Allí estaban los reyes de Suecia, Dinamarca, Bélgica, Holanda y España, así como, entre otros, los príncipes herederos de Reino Unido y de Japón. ¿Qué tienen en común todos estos países? Todos son democracias plenas y de los países más pacíficos y prósperos del mundo. Curioso, ¿verdad? Países que tienen por jefe de Estado a una persona que no ha sido elegida democráticamente y que, sin embargo, son democracias plenas. Esa aparente paradoja procede de la complejidad de entender qué es una democracia. Expliquémonos.

Como decía Kant, hay que diferenciar entre quién gobierna y cómo se gobierna. En la primera categoría tendríamos la monarquía, la aristocracia y la democracia, según gobierne un rey, un grupo de nobles o todo el pueblo; en la segunda categoría tenemos la república y el despotismo, según se respete la ley y haya límites al poder o no se respete la ley, ni haya límites al poder. Por extraña que suene esta afirmación, para Kant podría haber una monarquía republicana, si gobernara un rey, pero respetando la ley y aceptando límites a su poder; y podría haber una democracia despótica, si gobernara el pueblo, pero sin respetar la ley, ni aceptar límites a su poder. En los países cuyos reyes antes se ha citado existe un tipo de monarquía llamada constitucional (o parlamentaria, en la terminología española), que consiste precisamente en eso: en que el jefe del Estado es un rey, pero un rey que ha aceptado que lo vacíen de poder y que haya una ley aprobada por el pueblo y aplicada por políticos elegidos por el pueblo.

¿Cuántas son las repúblicas en Latinoamérica o en otras partes del mundo en las que la calidad de la democracia es bastante inferior a la de los países citados? Quien sea el jefe del Estado no determina la calidad democrática de un país; lo que lo determina es cómo se gobierne ese país. Y en eso tiene mucha importancia la estabilidad, la cual ¿quién mejor la puede ofrecer que alguien que está para siempre, que deja un sucesor que también estará para siempre y que desde niño es educado en el amor y el servicio a su país? La teoría política es más compleja de lo que a veces puede parecer y tener un rey, en función de cómo estén reguladas sus funciones, puede ser algo mucho más democrático que tener un presidente de la república. ¿Qué opinan ustedes?

Siga las noticias de El Universal en Google Discover
Únete a nuestro canal de WhatsApp
Reciba noticias de EU en Google News