La semana pasada murió Harald V, Rey de Noruega. No sé si están al corriente. En el funeral se reunieron reyes y príncipes para despedir al finado y presentar sus respetos al pueblo noruego. Allí estaban los reyes de Suecia, Dinamarca, Bélgica, Holanda y España, así como, entre otros, los príncipes herederos de Reino Unido y de Japón. ¿Qué tienen en común todos estos países? Todos son democracias plenas y de los países más pacíficos y prósperos del mundo. Curioso, ¿verdad? Países que tienen por jefe de Estado a una persona que no ha sido elegida democráticamente y que, sin embargo, son democracias plenas. Esa aparente paradoja procede de la complejidad de entender qué es una democracia. Expliquémonos.
Como decía Kant, hay que diferenciar entre quién gobierna y cómo se gobierna. En la primera categoría tendríamos la monarquía, la aristocracia y la democracia, según gobierne un rey, un grupo de nobles o todo el pueblo; en la segunda categoría tenemos la república y el despotismo, según se respete la ley y haya límites al poder o no se respete la ley, ni haya límites al poder. Por extraña que suene esta afirmación, para Kant podría haber una monarquía republicana, si gobernara un rey, pero respetando la ley y aceptando límites a su poder; y podría haber una democracia despótica, si gobernara el pueblo, pero sin respetar la ley, ni aceptar límites a su poder. En los países cuyos reyes antes se ha citado existe un tipo de monarquía llamada constitucional (o parlamentaria, en la terminología española), que consiste precisamente en eso: en que el jefe del Estado es un rey, pero un rey que ha aceptado que lo vacíen de poder y que haya una ley aprobada por el pueblo y aplicada por políticos elegidos por el pueblo.
¿Cuántas son las repúblicas en Latinoamérica o en otras partes del mundo en las que la calidad de la democracia es bastante inferior a la de los países citados? Quien sea el jefe del Estado no determina la calidad democrática de un país; lo que lo determina es cómo se gobierne ese país. Y en eso tiene mucha importancia la estabilidad, la cual ¿quién mejor la puede ofrecer que alguien que está para siempre, que deja un sucesor que también estará para siempre y que desde niño es educado en el amor y el servicio a su país? La teoría política es más compleja de lo que a veces puede parecer y tener un rey, en función de cómo estén reguladas sus funciones, puede ser algo mucho más democrático que tener un presidente de la república. ¿Qué opinan ustedes?
