Caminar por el Malecón traerá muchos recuerdos de ayer. Cuando Pedro de Heredia caminaba sobre la arena en ‘escaupil’, su camisón acolchado para protegerse de flechas y sus pesadas botas de cuero, o montado en un caballo al regresar de Tierradentro; el litoral era otro, el mar se conectaba por bocas con los canales y ciénagas. Los antiguos mapas muestran la costa de Barlovento que se extendía a Zamba, hoy Galerazamba.
Los calamaríes pescaban por ese litoral. Caminaban las extensas tierras y en canoas navegan por Barlovento. Los primeros malecones naturales de arenas y conchas lo caminaron ellos.
Más tarde, al construir el imperio español las murallas, la defensa de Cartagena exigió traer piedras cercanas y un buen número de mano de obra esclava para lograr esa hazaña. Tiempo en el cual hicieron defensas estratégicas frente a las obras construidas en la vieja ciudad, en lo que hoy es la Avenida Santander: la Escollera de la Marina o Santo Domingo y la de Santa Catalina o Espigón de la Tenaza. Ellas han protegido nuestras murallas del ímpetu del mar y las fuertes corrientes.
Todo lo anterior facilitó la construcción de la Avenida Santander. Ahora la obra de protección costera está permitiendo hacer un Malecón. El buen funcionamiento de la protección es indispensable para el éxito del Malecón del Mar, y ellas son el escudo contemporáneo para proteger el patrimonio histórico de Cartagena.Apuntemos a que la relación del Malecón con el Centro Histórico y sus murallas sea el mejor escenario de pedagogía ciudadana en el país.
Lo percibimos como el aula abierta donde pobladores y visitantes cohabiten bajo las premisas del respeto, la legalidad y la seguridad compartida. Un puerto turístico como Cartagena invita a caminar con total tranquilidad contemplando el horizonte marino, recorrer sus calles coloniales y la majestuosidad de su patrimonio monumental. La historia desde antes y después de su fundación nos dibuja malecones, caminos y rutas que han venido señalando el futuro.
Me dijo el viernes un pescador, por La Tenaza del Cabrero, que se encontró con Pedro de Heredia y la India Catalina caminando por el Malecón del Mar. Comentaba que Dumek recorría en coche eléctrico las obras cuando los vio. Emocionado los invitó y llevó a conocer la Ola Marina o Mirador del Sol. Fascinados, dando varias vueltas, miraban las Islas del Rosario y Cartagena.
No se querían bajar al contemplar tal hermosura. Que maravillas cuentan estos ingeniosos pescadores de La Tenaza, hay que seguir hablando con ellos, son viejos caminantes de aquellas playas, sabios de los quehaceres del mar e incansables usuarios de los profusos caminos de ayer.
