Los indicadores muestran cierto alivio porque la pobreza monetaria paso de 41,1 a 34,6%, la pobreza monetaria extrema paso de 13,2 a 9,3%, la informalidad laboral se mantuvo en 50%, paradójicamente el desempleo subió de 9,8 a 13,4%.
Entonces, 1 de cada 3 cartageneros está en pobreza monetaria, y cerca de 100.000 personas permanecen en pobreza extrema, y más de 200.000 personas son informales.
Comparándonos con otras ciudades los datos son preocupantes, porque siguen siendo muy superiores a los de Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla; con el nefasto precedente de que Cartagena fue la única de las principales ciudades que perdió personas ocupadas.
Aunque seguimos mejorando en pobreza, el problema estructural sigue siendo la calidad y la formalidad de los empleos.
El problema está más que identificado: pobreza + pobreza extrema + desempleo + informalidad + jóvenes + mujeres, en poblaciones de estratos 1, 2 y 3. Completamente identificadas en zonas donde incluso más del 70% está en condición de pobreza. Lugares como las faldas del Cerro de La Popa, el entorno de la Ciénaga de la Virgen, los Barrios Unidos, Ciudad Bicentenario, Villas de Aranjuez y Flor del Campo, Albornoz y barrios próximos a la zona industrial; sin mencionar los corregimientos que presentan altos niveles y que requieren de un plan muy específico.
El plan de gobierno debe estar especialmente enfocado a estos estratos, teniendo muy en cuenta el desempleo juvenil y el femenino, que son históricamente superiores a los hombres. Por eso no solamente basta con un programa genérico de empleo, sino planes diferenciados para jóvenes, mujeres y trabajadores informales.
Sin demeritar la gran gestión del alcalde Dumek, se puede decir que no basta con hacer obras públicas, aunque generaron algunos empleos. El mercado laboral de Cartagena sigue mostrando un terrible deterioro. Especialmente por el aumento del desempleo y la reducción de ocupados.
El descenso de la pobreza no significa necesariamente que hayamos creado una estructura económica capaz de sacar permanentemente a las familias de la pobreza. La reducción de la pobreza no parece haber sido producida fundamentalmente por una transformación estructural de la economía cartagenera, y ahí está precisamente la vulnerabilidad del sistema. Si el desempleo vuelve a subir, una parte de esa población que salió de la pobreza puede quedar nuevamente expuesta. El reto de Cartagena ya no es solamente sacar personas de la pobreza; es lograr que quienes salen de ella no vuelvan a caer.
Para eso se necesita transformar el aumento ‘coyuntural del ingreso’ en empleo formal, productividad, emprendimiento y patrimonio familiar. El punto clave no es solo mejor ingreso, sino una transformación estructural del empleo.
*Arquitecto, escritor.
