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Columna

‘Katastrophe!’

“Pero si el Populismo sube no es sólo por eso, es también por la incapacidad de las fuerzas tradicionales para adaptarse. No hay una respuesta para la crisis de la vivienda, por ejemplo...”.

Alfredo Ramírez Nárdiz

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Hubo elecciones regionales en Alemania este fin de semana. Y, como ya pasara en otras elecciones previas, los partidos coaligados en el gobierno (centroderecha y centroizquierda) se hunden y ambos extremos suben como la espuma. Particular resonancia tiene el auge del partido Alternativa para Alemania (AfD), al que se califica como de extrema derecha (o, incluso, neonazi). ¿Es este fenómeno de radicalización de la política una catástrofe exclusivamente alemana? Por supuesto que no. Toda Europa ve un auge de los extremistas, tanto de derechas como de izquierdas. Parece inevitable que en breve otros países, entre los que podría estar Francia, España, Reino Unido, o la propia Alemania, tengan gobiernos dirigidos por la extrema derecha o en los que intervenga en coalición la extrema derecha.

¿A qué se debe esta situación? A una suma de factores: las transformaciones económicas y sus consecuencias, los cambios sociales - culturales y sus efectos, las migraciones cada vez más numerosas, etc. Pero si el Populismo sube no es sólo por eso, es también por la incapacidad de las fuerzas tradicionales para adaptarse. No hay una respuesta para la crisis de la vivienda, por ejemplo. Ni la derecha, ni la izquierda parecen capaces de resolver uno de los problemas más graves que afecta a toda Europa. Es inevitable que fuerzas alternativas, y que prometen soluciones agresivas, resulten atractivas a gran parte del electorado, cuando las fuerzas tradicionales se muestran casi tan desorientadas como incompetentes.

Desde esta columna llevo ya algunos años informando de los progresos del Populismo y de las escasas posibilidades que hay de que se desvanezca mágicamente. Al contrario, está llamado a alcanzar el poder. Ya lo ha hecho en numerosos países (entre ellos, en el más poderoso del mundo) y la verdadera cuestión no es si llegarán al poder, sino qué harán cuando lleguen al poder. Si se sigue el ejemplo italiano, en Europa parece que la política populista no implica romper salvajemente el statu quo saliéndose de la Unión Europea (UE) o algo parecido. También es cierto que no es lo mismo que un único país importante esté en manos de populistas, a que todos los países importantes de la UE estén en manos de populistas. Quizá, si eso pasara, sí que reventarían el statu quo. ¿Qué pasará? Véase el caso de EE. UU.: política interna enloquecida, política exterior caótica, paramilitares persiguiendo inmigrantes y auge de populistas de signo contrario al del gobierno. Eso nos espera.

*Universidad Autónoma de Barcelona.

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