Las obras que hoy transforman a Cartagena se han ejecutado con recursos propios, durante el gobierno del alcalde Dumek Turbay, rompiendo con años de sequía presupuestal y abandono institucional de gobiernos anteriores.
El deterioro crítico de nuestra malla vial es el reflejo directo de esa histórica carencia de inversiones. Por eso, el reciente respaldo del presidente para terminar la Vía Perimetral y cofinanciar el transporte acuático no es un regalo fortuito; es el resultado de una petición técnica, acertada y coherente de un mandatario local que, desde su primer día, demostró con hechos y múltiples inversiones -jamás antes vistas- cómo se recupera la movilidad de una ciudad.
Para entender el impacto de este nuevo frente de articulación, es necesario analizar la realidad urbana bajo cuatro premisas fundamentales:
Topografía e identidad: Cartagena posee una geografía única, limitada por cuerpos de agua que representan nuestro mayor activo ambiental. Históricamente, la ciudadanía y la planeación urbana le han dado la espalda a esta riqueza hídrica.
Saturación de vías arteriales: la ampliación de las avenidas principales ha llegado a su límite físico consolidado. Continuar exclusivamente por esta vía requeriría procesos complejos y desproporcionados de expropiación, para adaptar las secciones viales al ritmo del crecimiento vehicular.
Corredores de uso mixto: sectores críticos como el corredor portuario cohabitan diariamente con el comercio liviano, zonas residenciales e instituciones educativas. Esta mezcla genera múltiples y complejos motivos de viaje en un mismo espacio.
Presión del parque automotor: el aumento constante de vehículos particulares se suma al flujo de pasajeros nacionales e internacionales, que entran y salen de las terminales marítimas y aeroportuarias. Esto dispara la circulación de transporte público y de servicios especiales, colapsando la ciudad en horas pico.
El impacto de las nuevas megaobras: ante este panorama, la inyección de apoyo nacional gestionada por la Alcaldía se convierte en el impulso definitivo para dos proyectos estratégicos.
La terminación de la Vía Perimetral no solo aligerará la carga vehicular, sino que funcionará como una gran barrera de contención y protección ambiental, transformando el entorno socioeconómico de la población circundante. Por otro lado, impulsar el transporte acuático integrará finalmente los cuerpos de agua a la red de movilidad oficial. Esto beneficiará significativamente a los turistas, a la población costera y al sector empresarial, conectando a la ciudad a través de su autopista más grande y natural, y devolviéndole a Cartagena esa mirada y relación con el agua que se había perdido.
