comscore
Columna

Los GPS-D en el mundo

“Un centro partidista contribuye a desarrollar la identidad, los cuadros y el programa de una organización política. Uno pluripartidista puede facilitar acuerdos entre fuerzas distintas, explorar soluciones comunes y contribuir a definir un proyecto de país sin subordinarse a una estrategia electoral”.

Mauricio Cabrera Galvis

Compartir

La propuesta de crear un Grupo de Pensamiento Social Demócrata (GPS-D) para Colombia ha suscitado numerosas reacciones y comentarios, lo que confirma la necesidad sentida de una alternativa social demócrata en el país. La iniciativa, además, tiene antecedentes internacionales de los cuales podemos aprender.

En Europa hay por lo menos 76 organizaciones de este tipo que se han agrupado en la FEPS (Foundation for European Progressive Studies), cuya misión común es “desarrollar investigaciones innovadoras, asesoramiento político, capacitación y debates para inspirar e informar las políticas socialistas y socialdemócratas en toda Europa.”

FEPS también tiene una extensa red de socios, que incluyen universidades de renombre, académicos, legisladores y activistas, todos interesados en “promover los principios fundacionales de la Unión Europa: libertad, igualdad, solidaridad, democracia, respeto de los derechos humanos, libertades fundamentales, dignidad humana y Estado de Derecho.”

En América Latina se ha intentado algo similar, pero hasta ahora con alcance mucho más limitado. En 2004 cinco centros de pensamiento de Chile, Argentina, Uruguay y Brasil conformaron la Red Latinoamericana de Centros Progresistas, hoy más necesaria que nunca ante el avance de la ultraderecha en la región.

Existen dos grandes modelos de centros de pensamiento. El primero reúne fundaciones vinculadas a partidos políticos. La Fundación Perseu Abramo, creada en 1996 por el Partido de los Trabajadores de Brasil. En Reino Unido, la Fabian Society, fundada en 1884, ha contribuido a la reflexión programática del laborismo. En Alemania, la Friedrich-Ebert-Stiftung, vinculada desde 1925 al partido socialdemócrata y al movimiento sindical, combina investigación, formación y cooperación internacional, con importante presencia en Colombia a través de Fescol.

El segundo modelo es el de los centros pluripartidistas que reúnen a personas de distintas procedencias alrededor de principios compartidos. Como lo mencioné, el ejemplo más relevante es la Fundación Chile 21, surgida en 1992 de la convergencia de personas e instituciones vinculadas a la Concertación, la coalición de centroizquierda chilena, abierta a distintas fuerzas políticas y sociales.

La diferencia es fundamental. Un centro partidista contribuye a desarrollar la identidad, los cuadros y el programa de una organización política. Uno pluripartidista puede facilitar acuerdos entre fuerzas distintas, explorar soluciones comunes y contribuir a definir un proyecto de país sin subordinarse a una estrategia electoral. El pluralismo permite construir espacios de diálogo que los partidos, por su propia naturaleza, difícilmente pueden ofrecer por sí solos.

El debate público suele quedar atrapado entre la coyuntura electoral, la polarización y las respuestas de corto plazo, mientras los grandes desafíos del país exigen diagnósticos compartidos y propuestas que puedan sostenerse más allá de un gobierno.

El GPS-D buscaría llenar ese vacío: crear una conversación programática de largo plazo y convertirla en opciones concretas para la acción pública orientada a la lucha por la democracia, la libertad, la solidaridad y la justicia social. Colombia necesita partidos capaces de representar a los ciudadanos, pero también espacios dónde investigar, debatir y construir colectivamente el país que queremos.

*Economista.

Siga las noticias de El Universal en Google Discover
Únete a nuestro canal de WhatsApp
Reciba noticias de EU en Google News