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Columna

Autonomía regional del Caribe

“Quizás el centralismo ha sido el responsable de ese fenómeno, pero nunca será tarde para entronizar a esta zona del país en el destacado lugar que merece ocupar...”.

GERMÁN DANILO HERNÁNDEZ

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El pasado 10 de octubre se cumplió en la Gobernación del Departamento del Atlántico la celebración del Día de la Región Caribe, en la que se recordaron largos y complejos procesos para avanzar en la anhelada autonomía territorial de esta región del país.

Sin negar los avances alcanzados a la fecha, es claro que no solamente el arrogante bogo-centrismo histórico ha sido la principal causa para el aplazamiento indefinido de cambios estructurales que permitan al Caribe conquistar mecanismos necesarios para la construcción de su propio destino. También lo ha sido la falta de compromiso y de liderazgos efectivos de la dirigencia regional con esa causa.

La autonomía regional resulta para muchos una frase exótica, una campaña que ocasionalmente cobra fuerza mediática a la que se suben políticos que desconocen su esencia, y que le resulta indiferente a sectores gremiales y académicos, con contadas excepciones. Los dedos de una mano serían suficientes para contar a quienes por décadas y de manera persistente han liderado esa causa, comenzando por el exconstituyente y actual gobernador del Atlántico, Eduardo Verano De La Rosa.

Elvia Mejía Fernández, reconocida lideresa de este proceso y homenajeada por ello en el evento del pasado viernes, no duda en admitir las falencias en que ha incurrido la dirigencia regional, pero insiste en la necesidad de identificar su importancia estratégica para poder avanzar en la búsqueda de soluciones a problemas estructurales, culpables del atraso de nuestro territorio, como: la inseguridad alimentaria, la educación y en especial la lucha contra el analfabetismo, los servicios públicos, vías transversales y terciarias, entre otros.

Además de acelerar el trámite que cursa en el Congreso de la República para convertir la actual Región Administrativa y de Planificación del Caribe (RAP) en Región Entidad Territorial (RET), el Caribe podría aprovechar el comienzo del nuevo Gobierno Nacional para que se incluya un capítulo especial en el Plan Nacional de Desarrollo, que oriente soluciones a tales necesidades. ¿Tiene definida la RAP una hoja de ruta para lograr ese objetivo, o su débil funcionamiento operacional se lo ha impedido?

En el libro ‘Dialogando el Caribe’, del exgobernador de Bolívar, Juan Carlos Gossaín, su prologuista y actual Presidente de la República, Abelardo De La Espriella, recuerda que “la historia ha sido poco generosa con nuestra Región Caribe. Quizás el centralismo de la historiografía nacional ha sido el responsable de ese fenómeno, pero nunca será tarde para entronizar a esta zona del país en el destacado lugar que merece ocupar”, al tiempo que su autor advierte que con el actual esquema de manejo de los recursos públicos, “no hay subsistencia ni autonomía posible de las regiones. La orientación es totalmente distinta al sentido descentralista que la Constitución quiso dar”.

Con tales visiones desde las altas esferas del Estado, y con una bancada costeña en el Congreso realmente comprometida, la aprobación de la RET tendría los caminos despejados, pero no sería suficiente si no se logra una verdadera cohesión regional desde las bases sociales. La Constitución obliga a que una vez aprobado el proyecto de Ley en curso, se valide con un referendo en los departamentos interesados; este sería la oportunidad para evidenciar un real despertar Caribe, y no que sea una tímida victoria más en los sueños de autonomía regional.

*Escritor y asesor en comunicación política y de gobierno.

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