¿Qué estamos haciendo por los demás?, ¿qué nos hace verdaderamente humanos? y ¿hacia dónde queremos ir? Estas tres preguntas, válidas en cualquier etapa de la vida, las planteó Juliana López Bermúdez, presidenta de Grupo Heroica, a los graduandos de la Universidad Tecnológica de Bolívar. Treinta años después de recibir su título en Ingeniería Industrial, regresó para compartir tres invitaciones para vivir mejor.
La primera: “Conviértanse en millonarios haciendo el bien”. En una sociedad que suele medir el éxito por la acumulación, Juliana propone usar el conocimiento para resolver problemas reales. Cartagena es el escenario perfecto, porque mientras crece en torno al turismo y la industria portuaria, muchas comunidades siguen enfrentando carencias básicas. La rentabilidad y el impacto social no tienen por qué ser enemigos. Identificar una necesidad y convertirla en una solución sostenible también es una forma de éxito.
La segunda: “En la era de las máquinas, su mayor ventaja será ser más humanos que nunca”. La inteligencia artificial procesa información a velocidades impensables, pero de poco sirven estas herramientas si perdemos la capacidad de escuchar y comprender al otro. Juliana habló de empatía y de la necesidad de disentir sin convertir a quien piensa distinto en enemigo. Nos hemos acostumbrado a discutir para derrotar, no para comprender. Ser humanos hoy exige criterio, ética y respeto; capacidades que debemos cultivar incluso cuando la tecnología parece hacerlo todo por nosotros.

Un presupuesto para lo esencial, no para la burocracia
Rafael Nieto LoaizaY la tercera invitación fue atreverse a imaginar el futuro. La empresaria propuso a los jóvenes preguntarse qué estarán haciendo el 16 de octubre de 2032 y qué clase de personas quieren ser. A menudo perseguimos metas ajenas y confundimos avanzar con llegar a alguna parte, sacrificando activos intangibles como la salud mental, las relaciones y la familia en nombre del reconocimiento profesional. Como recordó al citar a Tal Ben-Shahar, la felicidad no consiste solo en alcanzar la cima, sino en encontrar significado y disfrutar el ascenso, incluso cuando aparecen dificultades.
Las tres invitaciones se conectan con la idea de que el éxito no depende únicamente de lo que conseguimos, sino de cómo lo conseguimos y de aquello que dejamos en los demás. En una ciudad con tantas oportunidades como desafíos, esta reflexión debería trascender la ceremonia de graduación y llegar a las empresas, las instituciones, las familias y los espacios donde se toman decisiones.
Aunque el mensaje estuvo dirigido a 318 graduandos que comienzan una nueva etapa, nos habla a todos. Hacer el bien con lo que sabemos, conservar nuestra humanidad frente a la tecnología y asumir la responsabilidad de la vida que queremos construir son propósitos que no dependen de un diploma. Se pueden poner en práctica desde hoy.
*Director del Programa de Comunicación Social, en la Escuela de Transformación Digital de la UTB.
