En 1992 Colombia vivió casi un año de cortes diarios de luz. Esta vez, gracias a la tecnología, todo está avisado. La NOAA, agencia climática de Estados Unidos, da 83% de probabilidad a que sea El Niño más fuerte desde 1950.
¿Habrá apagones? Apuesto a que sí. XM, operador del sistema, calcula: el país consume unos 250 gigavatios hora al día y, de diciembre a noviembre, la energía garantizada en sequía se queda corta en 7.669 gigavatios hora: el 8%, un mes de consumo. Ese hueco no se reparte parejo: los ríos traen el 60% del agua normal y, con una sequía como la de 2015 y las térmicas como hoy, XM advierte que en febrero, marzo y abril no podría atender toda la demanda y los embalses, hoy al 76%, bajarían al 31%. El gerente de XM los compara con una cuenta de ahorros que dura 66 días.
La línea colectora debía conectar 1.050 megavatios eólicos de La Guajira. Como el viento no sopla parejo, darían entre 3.800 y 5.100 gigavatios hora al año, la mitad o dos tercios del faltante. Y allá sopla más en los meses secos. Debía operar en 2022; ahora se habla de 2027. Funcionando, el riesgo de apagón sería mucho menor.
No culpemos a las comunidades, sino a cómo llegan muchas empresas, y revisemos los contratos incumplidos.
Colombia es un país pobre que no puede darse el lujo de limitar sus fuentes de energía por razones distintas a las económicas. Contamina poco: su electricidad viene sobre todo del agua y es la niñera sin salario de una de las mayores reservas forestales del planeta, la mitad del país es bosque. Debe aprovechar al máximo carbón, petróleo, gas, sol y viento, fuentes reales y maduras. Juntas darían seguridad energética ante otro Niño y precios competitivos para la industria y las familias de la Costa, donde prender un abanico, o aire acondicionado, se lleva buena parte del salario. Y eso es salud pública: con estos calores, ancianos y bebés pueden enfermar y hasta morir.
Invito con respeto a la CREG y a la UPME a moverse al ritmo de un gobierno ejecutivo: hay proyectos frenados por trámites y regulaciones, inaceptable en esta emergencia.
No todo es eléctrico: la sequía golpea la agricultura y la ganadería, y la falta de agua amenaza la salud pública. Aguas de Cartagena no podrá excusarse en algas, cuña salina ni bocatomas colmatadas: debe garantizar agua de calidad durante El Niño o perder el contrato. Tuvo mucho tiempo para prepararse.
La Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres debe estar en alerta máxima.
Aprovecho para agradecerle públicamente al presidente De La Espriella la contundencia con que enfrenta a la delincuencia: su determinación y su ejemplo son claves para avanzar hacia la verdadera seguridad. Me recuerda el carácter y el talante del gran Germán Vargas Lleras (q.e.p.d.).
