¿Es el Internet un derecho humano?

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Desde hace más de 2 semanas, Cachemira, una conflictiva región de triple frontera entre India, Pakistán y China, no tiene acceso a Internet. En un escenario ideal, esta noticia sonaría a un apagón de comunicaciones por problemas técnicos graves de los operadores que en esas tierras ofrecen el servicio de Internet, si no fuera porque esta suspensión de las telecomunicaciones en particular viene de una orden gubernamental con motivaciones políticas y de seguridad.

El bloqueo a Internet en Cachemira es absoluto y las razones parecen válidas desde la distancia. Dicha decisión obedece, supuestamente, a que una parte muy grande de la población ha hecho un uso de la red sin una educación previa, por lo que ha surgido una amplia variedad de problemas y riesgos. El mayor ejemplo está en la difusión de rumores y cadenas de información falsas que han desembocado en linchamientos.

En muchos otros países ha sucedido lo mismo durante momentos de alta tensión social e incluso nuestro país hermano, Venezuela, lo hizo por razones que, si bien no vienen a esta columna, parecen bastante cuestionables. Pero en el caso de Cachemira, el bloqueo a Internet amplifica los daños colaterales y graves a muchos aspectos de la misma comunidad con cada segundo en el que no se transfiera un solo bit de información.

Las políticas del gobierno de Narendra Modi, primer ministro de India, son muy parecidas a la filosofía que quiso establecer el exministro TIC de Colombia, Diego Molano Vega. El principio básico es que el acceso a la tecnología permitirá acabar con la pobreza. Personalmente estoy muy de acuerdo con esta política y los resultados tanto en Colombia como en otros países (incluida la India) están reflejados en cifras. Sin embargo, hay un deber que cada gobierno debería asumir si piensa implementar esta política. Estamos hablando de garantizar Internet a cada ciudadano sin importar las circunstancias. La solución a los problemas y riesgos asociados a la conectividad es tan sencilla como la educación en alfabetización digital, pero ese es un capítulo de otro libro.

Modi ha implementado políticas que han convertido la conectividad en un principio básico para el libre desarrollo de la sociedad. En el caso de Cachemira, hablamos de una zona que no es especialmente rica, pero en la que se usaba Internet para todo, en un intento de incorporarse al mundo civilizado y participar en cuestiones como bancarización y educación. Esta suspensión tiene a Cachemira paralizada al nivel de que los empleados no pueden cobrar sus nóminas porque las empresas y bancos realizan sus transacciones a través de la red. Estoy convencido que es una decisión a todas luces arriesgada, irresponsable y exagerada para una región donde el Internet es tan importante.

Imagina que de un día para otro tu celular se convierta en un pisapapeles y que un cajero automático no pueda entregar tu efectivo porque el gobierno decidió apagarlo, con todo lo que implica llegar a casa sin dinero.

Aunque Naciones Unidas recomienda no desconectar Internet porque supone, por extensión, un perjuicio a algunos derechos fundamentales, durante el año pasado, el acceso a Internet se ha visto suspendido en 134 ocasiones en distintas regiones por motivos de todo tipo. El caso más grave sucedió en la región de Darjeeling, cuyo bloqueo se mantuvo durante cien días, impactando negativamente sus exportaciones y en consecuencia su economía.

Pero Internet no solo se queda en el medio o herramienta que permite a la humanidad desarrollarse. Internet es, en sí mismo, un movilizador de conocimiento que cierra brechas y difumina fronteras de maneras que hace mucho tiempo no se podían. Es Internet el democratizador por excelencia del conocimiento, cuya distribución uniforme depende del mismo canal por donde fluye. En 1900 el conocimiento humano se duplicaba cada siglo. Unos 45 años después dicho conocimiento crecía al doble cada 25 años hasta que en 1982 (coincidiendo con el desarrollo de Internet) el conocimiento se duplicaba cada año. Para el 2020, IBM predice que el conocimiento se duplicará cada 12 horas.

Eso sin mencionar su capacidad de gestionante para la organización y movilización social. Tanto así que los esfuerzos del gobierno chino por manipular y desestimar las protestas de Hong Kong, llegaron al punto de que famosas redes sociales tuvieron que dar de baja miles de cuentas por incurrir en casos de manipulación social coordinada. Youtube desactivó unos 210 canales cuyo origen remontaba al gobierno chino y en Twitter la cifra alcanzó unas 936 cuentas baneadas por considerarlas operaciones de apoyo estatal.

El gobierno tiene el poder de apagar el Internet pero también tiene la responsabilidad de mantener la estabilidad social de sus ciudadanos, una estabilidad que, hoy por hoy, ya depende directamente de la información que fluyen en la gran red de redes.

El Internet debería ser un derecho humano porque, como dice el movimiento global Amnistía Internacional, “la creciente necesidad de acceso a Internet para los más pobres del mundo en lo que respecta a la salud, la educación, el empleo, las artes, la igualdad de género: todo lo que tenemos derecho a disfrutar significa que las Tecnologías de la Información (sí, Internet) son inseparables de derechos en sí mismos”.

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