Columna

Extorsión: el impuesto oculto

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JOSÉ FÉLIX LAFAURIE RIVERA
02 JUL 2023 - 09:51 PM

En Barranquilla, el presidente del gremio de comerciantes calificó de alarmante el cierre de 200 locales por extorsión. En Sincelejo, una ciudad mediana, el alcalde denunció que más de 300 cerraron por esa razón; una tragedia social y económica.

En zonas populares de Bogotá, “El tren de Aragua” obliga a los tenderos a vender droga y licor adulterado, y les cobra cuota de seguridad.

En el Valle de Aburrá, del “servicio de seguridad” no se salvan ni los puestos de arepas. Según el coordinador de la iniciativa de Seguridad y Justicia de Eafit, en Medellín se presentan al año entre 400 a 500 denuncias, pero una encuesta de 2019 arrojó que “la cantidad de hogares y negocios extorsionados es superior a 150.000”.

En Cali, ¡hasta los niños! de barrios populares pagan “peaje” de 1.000 pesos para llegar a sus colegios. En Buenaventura les cobran a los lancheros y en la vía Santa Marta – Barranquilla es diario el retén amenazante: “O pagas o te daño el carro”.

Peaje, servicio de seguridad o impuesto revolucionario, es extorsión pura y dura, un delito que azota al país y sobre el cual intentaré una breve caracterización.

Se trata de un delito oculto, por el terror que se deriva de la indefensión. Como en Medellín, el subregistro en el país brinca las cifras oficiales, pero la tendencia de denuncia nos da una idea: 3.523 a abril de 2023, frente a 2.467 en 2022 y a solo 844 en 2012. Si la proporción entre denuncia y realidad fuera la misma de Medellín para todo el país, una regla de tres nos da 1.056.900 extorsionados a abril de 2023.

La indefensión se relaciona con menor disuasión, no solo por la caída del 23,6% en el pie de fuerza entre 2014 y 2023, equivalente a 109.300 efectivos menos, sino por la inoperancia de la justicia y el colapso de las cárceles, donde se ordenan y se hacen extorsiones.

Esa menor disuasión facilita el mal de males: la coca. Al inicio de las negociaciones con las Farc teníamos 48.000 hectáreas; hoy las mediciones conservadoras registran 250.000 y otras hasta 300.000 hectáreas.

El negocio del narcotráfico se “desdobla” en más de mil grupúsculos en las ciudades; matones de barrio devenidos en bandas de microtráfico con franquicia de los clanes amos del negocio; de los que son sus ojos, sus oídos y sus tentáculos de violencia.

Y como “al caído, caerle”, aunque hay “gran extorsión”, el desdoblamiento se especializa en los “barrios populares”, sobre la economía popular que el Gobierno busca recuperar.

Por ello, liberar a los más pobres de la extorsión, además de un gran paso en esa dirección, allanaría el camino a la paz total, hoy con el horizonte nublado por una inseguridad insoportable.

*Presidente Ejecutivo de Fedegán.

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