Mantener un intercambio respetuoso de opiniones en los grupos de chat no es fácil a veces. No faltan las voces altisonantes, pero afortunadamente suelen aparecer también las voces moderadoras. Un miembro del grupo al que pertenezco envió el siguiente mensaje:
“¿Qué significa el proverbio japonés: «Golpear un puente de piedra antes de cruzarlo»? Encierra una gran sabiduría sobre la prudencia al tomar decisiones, analizando su contexto histórico y verificando que no tenga grietas ocultas…”
Por su evidente intención de insinuar que algunos miembros del grupo estamos equivocados, envié el siguiente mensaje en réplica:
“Apreciado amigo:
Gracias por una nueva oportunidad de plantear, con respeto y tranquilidad, mi idea sobre la conveniencia política del país en estas elecciones, sin que ello signifique una crítica a la posición de los cepedistas del grupo ni un intento de cambiar la intención de voto de tan estimados vecinos.
Precisamente, el cambio que prometió Petro es ese «puente» que sus votantes, engañados por las promesas y movidos por sus genuinos anhelos, no «golpearon» lo suficiente para comprobar que las aparentemente buenas intenciones eran utópicas y seguían la misma línea de los dictadores Fidel Castro y Hugo Chávez. Negar esa situación resulta ingenuo cuando es evidente que están del mismo lado y persiguen los mismos objetivos, que ya han demostrado ser un fracaso.
Es impresionante cómo se parecen los caminos recorridos, aunque sean negados por los soñadores del cambio, quienes se resisten a creer que Colombia pueda estar recorriendo una senda similar a la de algunos países vecinos. Chávez introdujo la «revolución comunista», que al principio también negaba. Maduro la consolidó. Aquí, Petro la inició, negándola igualmente, y ahora pretende consolidarla con Cepeda.
El problema es que el resultado termina siendo el mismo: más corrupción, más atraso, más concentración de poder, destrucción del tejido empresarial y multiplicación de la miseria. Situaciones semejantes se vivieron en Ecuador, Bolivia y Argentina.
Como lo he planteado varias veces, el «puente» que propone De la Espriella no es el mejor, sino el más conveniente y el menos malo, conclusión a la que se llega cuando se es cauteloso al depositar esperanzas que nuestra historia ha mostrado, en numerosas ocasiones, como frustradas.
No sé si el «puente» de De la Espriella es tan seguro como describe la anécdota. Que tiene grietas ocultas, las tiene. Pero de lo que sí estoy seguro es de que representa una opción menos riesgosa y más conveniente que la de Cepeda.
Un afectuoso saludo para todos.
Ah, y un dato que me tiene muy contento: un muy querido amigo petrista, quien, como cualquier persona sensata, también sueña con una Colombia más justa, me contó hace pocos días que votará por De la Espriella. Se dio cuenta de que, por lo pronto, su sueño deberá aplazarse.”