A primera vista resulta contradictorio que las quejas por el contenido de los dos “realities” que se están emitiendo actualmente en los canales privados de televisión sean tan numerosas como la audiencia de ambos.
Los colombianos todavía no parecen caer en cuenta que la única manera de forzar a los programadores de televisión a transmitir contenido apropiado, útil y edificante es a través de las cifras de audiencia: si los “realities” no fueran vistos por tanta gente, rápidamente serían suspendidos, porque los canales viven de la publicidad, que a su vez se concentra en los programas populares.
“Protagonistas de Nuestra Tele” y “Desafío 2012”, de RCN y Caracol respectivamente, han sido fuertemente criticados sobre todo por padres de familia, porque se considera que el comportamiento de quienes participan en los dos resulta muy mal ejemplo para los niños.
El rechazo no se queda en los mensajes enviados a los periódicos, sino que se han presentado derechos de petición a los canales, exigiendo que se moderen los contenidos o que cambien los horarios en que se transmiten, pues ahora están en la franja familiar.
También se han enviado quejas a la Autoridad Nacional de Televisión (ANTV), que se encuentra estudiándolas.
Los televidentes reclaman específicamente por las agresiones verbales y físicas, y las imágenes de los participantes semidesnudos, es decir, violencia y sexo, dos ingredientes que siempre han constituido la base de contenidos de alta demanda.
Una de las razones que más mencionan los enemigos de los “realities” es que están contribuyendo a que los comportamientos agresivos y libidinosos se multipliquen en un país donde son muy frecuentes.
Esas mismas razones pueden esgrimirse para las series sobre la vida de los grandes capos del narcotráfico, que en cierta manera suscitan el afán del dinero fácil, las mujeres a sus pies y el poder incontrovertible.
Incluso, en muchos programas que no son de explícito contenido violento o sexual, algunas frases desafortunadas de los presentadores o participantes reproducen y afianzan esos antivalores que están minando nuestra sociedad.
Como expresó a este periódico Jorge Redondo Suárez, director regional del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, no hay que olvidar que la televisión “es un referente para niños y niñas, y que tiene injerencia en lo que directamente aprenden ellos”.
Por supuesto, la primera responsabilidad en evitar que niños y niñas pequeños estén expuestos a contenido inapropiado en televisión es de los padres, pero eso no exime a los canales de su obligación de transmitir los contenidos adecuados, según la franja horaria.
No es cuestión de sancionar a los canales y exigirles que suspendan tales programas, y sería ingenuo pensar que ellos vayan a obligar a los participantes en los “realities” a que se comporten como monjas de clausura, porque la audiencia depende de estos elementos conflictivos y eróticos.
Pero es legítima la queja de muchos televidentes, así que ANTV está en la obligación de exigirles que los emitan en los horarios para adultos y que en los noticieros no se enfoquen una y otra vez en presentar las escenas escabrosas y violentas.