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Editorial

Un Cabildo que se salió de control

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Luego de la desocupación del Coliseo Bernardo Caraballo de Cartagena, que fue usado como hospedaje durante el pasado fin de semana por unos mil participantes en el Cabildo Nacional de Juventud, el panorama era sencillamente desolador.
Montañas de platos de icopor, cubiertos de plástico, pedazos de cartón, bolsas de todos los tamaños, colchones rotos, restos de alimentos y otros residuos tuvieron que ser recogidos por el personal de mantenimiento del escenario deportivo.
Además, los huéspedes dejaron como recuerdo de su paso por allí, destrozos considerables, como puertas dañadas, zonas verdes arrasadas y redondearon la faena con el saqueo de la cafetería.
Según el Instituto de Recreación y Deporte de Bolívar (Iderbol), administrador del coliseo, los daños sobrepasan los 30 millones de pesos.
El sábado, segundo día del llamado Cabildo Juvenil, que organizó el movimiento político Marcha Patriótica y tuvo la colaboración de la exsenadora Piedad Córdoba, se pronunciaron enérgicamente el gobernador Juan Carlos Gossaín y el alcalde encargado Felipe Merlano sobre los actos vandálicos protagonizados por una gran parte de los participantes en el encuentro, empezando por la ocupación de hecho del Coliseo Bernardo Caraballo en la madrugada.
Ese pronunciamiento, criticando lo inconveniente y peligroso que era reunir a más de 7 mil personas de todo el país aquí sin coordinación logística de alojamiento y sin garantizar un adecuado comportamiento, se produjo después del concierto de la noche del viernes en la Plaza de la Paz y después de que los cartageneros observaron con sorpresa grandes grupos de jóvenes deambulando por el Centro Histórico, Marbella y otros puntos de la ciudad, cometiendo actos irrespetuosos e indecentes.
La exsenadora Piedad Córdoba y algunos organizadores del Cabildo Nacional de Juventud ofrecieron disculpas a Cartagena, se comprometieron a pagar los daños y reconocieron haberse equivocado “en traer gente que no supimos cómo llegaron”.
Es evidente que el movimiento Marcha Patriótica, organizador del encuentro, no se preocupó de controlar la legitimidad de los participantes como estudiantes o representantes de organizaciones juveniles, pues su convocatoria, además de estar dirigida a los estudiantes, líderes afrocolombianos e indígenas, integrantes de grupos culturales y a los jóvenes trabajadores, también invitaba “a la banda, al grupo, a la barra, al combo, al parche, a la gallada y la pandilla”, que suponemos fue respondida plenamente.
A pesar de estas críticas, explicaciones y ofrecimiento de disculpas, Marcha Patriótica intenta justificar la anarquía, denunciando que hubo un saboteo al Cabildo de Jóvenes, oponiendo múltiples obstáculos para las solicitudes de alojamiento a última hora que pudieron ser tramitadas de antemano con garantías de pago.
Quedan una última pregunta que debería ser respondida para no repetir la experiencia en futuros eventos similares: ¿Por qué no se anunciaron a la comunidad las medidas de seguridad coordinadas con la Policía, como se hace cada vez que en Cartagena se lleva a cabo un evento que puede alterar la normalidad?

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