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Editorial

La reubicación de Tacamocho

“La reubicación de Tacamocho es la victoria de la planificación sobre la desidia. La ciudadanía de Bolívar tendría que apoyar el cumplimiento del cronograma...”.

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Por la manera en que fue concebido y se pone en práctica, el proyecto de reubicación de Tacamocho tiene el potencial de convertirse en el primer modelo de reubicación total y planificada en el Caribe colombiano.

En efecto, esta reubicación no es solo un movimiento de coordenadas; es un acto de justicia histórica que merece ser celebrado, y por eso lo ponderamos especialmente en esta tribuna.

Tras décadas de ver cómo el río Magdalena devoraba sus calles, este corregimiento del municipio de Córdoba (Bolívar) finalmente vislumbra una solución definitiva con ocasión o como efecto de la asunción de responsabilidad del gobernador Arana, todo un reto con el cual rompe la inercia del abandono estatal, elevando la reubicación a un modelo de planificación nacional.

El liderazgo del gobernador ha sido determinante para destrabar un proceso que parecía condenado al olvido. Con la consolidación de la Unidad de Planificación Rural (UPR) ‘Tacamocho - Tacamochito: De la Tierra y el Agua’, radicada ante Cardique, la Gobernación de Bolívar ha pasado de las promesas a la ejecución técnica. Y observamos que no es una simple entrega improvisada de casas de cemento, sino el diseño de un hábitat de 29 hectáreas que respeta la identidad anfibia de 750 familias. Este ‘Máster Plan’ incluye plaza central, colegio y un cementerio decente, devolviendo la dignidad que el agua y la guerra les arrebataron.

La relevancia de esta obra se magnifica al recordar que Tacamocho es víctima de una doble tragedia. Según registros de la JEP, este territorio sufrió el horror del conflicto armado en los Montes de María, siendo corredor estratégico para el Frente 37 de las Farc y el Bloque Héroes de los Montes de María de las Auc. El Magdalena, que hoy los amenaza con su erosión, fue en el pasado un cementerio flotante. Por ello, la gestión de Yamil Arana es, en esencia, una medida de Reparación Colectiva Territorial.

No obstante, el éxito sostenible demanda una mirada crítica sobre los desafíos futuros.

El traslado aleja a las familias de sus zonas tradicionales de pesca, lo que exige la implementación de proyectos productivos robustos y distritos de riego de subsistencia en el nuevo lote. El riesgo de la ‘doble residencia’ –donde las familias reciben la vivienda nueva, pero no abandonan la zona de riesgo por necesidad económica–, solo se mitigará si el Estado garantiza seguridad alimentaria y títulos de propiedad individuales, eliminando la incertidumbre jurídica. Es de esperar que el nuevo Tacamocho incluya un Monumento a la Resistencia que honre a las víctimas del conflicto y la resiliencia ante el río. Además, el área erosionada debe ser declarada reserva forestal para evitar nuevos asentamientos.

La reubicación de Tacamocho es la victoria de la planificación sobre la desidia. La ciudadanía de Bolívar tendría que apoyar el cumplimiento del cronograma y el mantenimiento del tejido social.

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