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Editorial

Deuda y encrucijada fiscal

“Resulta paradójico que el Ministerio de Hacienda califique como un ‘éxito técnico’ una operación donde el Estado se endeuda a intereses históricamente altos...”.

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El panorama financiero del país atraviesa un momento de tensión que trasciende la simple gestión técnica de caja. La reciente ‘megasubasta’ de $6 billones en TES, con tasas que rozan el 15%, no es un hecho aislado, sino el síntoma de una pérdida de confianza estructural y de una presión fiscal que comienza a comprometer la sostenibilidad de Colombia a largo plazo.

Resulta paradójico que el Ministerio de Hacienda califique como un “éxito técnico” una operación donde el Estado se endeuda a intereses históricamente altos. Si bien la demanda de $12,3 billones demuestra que el país aún tiene acceso a los mercados, lo hace bajo condiciones leoninas.

Como bien lo han señalado reputados analistas, una tasa del 14,79% para títulos a 2030 es una prima de riesgo excesiva que refleja el temor de los inversionistas ante el deterioro de las cuentas públicas. Mientras en gobiernos anteriores la deuda oscilaba entre el 5% y 9%, hoy el país paga los intereses más caros de América Latina, lo que resta espacio para la inversión social que el mismo gobierno profesa defender.

La estrategia de duplicar la adjudicación inicial para “mitigar riesgos de liquidez” sugiere una urgencia de caja preocupante. El uso agresivo de Títulos de Corto Plazo (TCO) para financiar recompras de bonos en dólares y cubrir faltantes derivados de la caída en el recaudo, evidencia que el Gobierno está viviendo al día.

La analogía del analista Felipe Campos fue punzante, pero precisa: el Estado parece estar recurriendo a soluciones costosas e improvisadas para sostener un nivel de gasto que el recaudo actual no soporta. El coctel de gasto público desbordado y endeudamiento caro es, en palabras del exministro Juan Camilo Restrepo, un “brebaje tóxico” que podría llevar al cierre de los mercados internacionales si no se aplica un ajuste fiscal inmediato.

De contera, hay una clara brecha entre la retórica y la realidad, pues mientras voceros autorizados del Pacto Histórico atribuyen las tasas al contexto global pospandemia, la realidad expuesta por el Banco de la República muestra que la prima de riesgo de Colombia se mantiene elevada y distanciada de sus pares regionales. La insistencia en flexibilizar aún más la Regla Fiscal solo ha enviado señales de inestabilidad.

Hay razones para mantenerse preocupados por el manejo financiero actual, en el que parece priorizar la supervivencia inmediata de la caja sobre la salud económica de la próxima década. Si el Gobierno no reconoce que el mercado le está cobrando su propia incertidumbre, nuestro país corre el riesgo de convertir su deuda en una bola de nieve inmanejable, donde cada peso prestado hoy para sanar heridas del pasado termine profundizando las carencias del futuro por el asfixiante costo de los intereses.

Esta ola de emisiones de bonos debería parar, si el costo a cambio es que la Nación asuma intereses agobiantes.

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