Este 21 de mayo de 2026 el país conmemoró los 175 años de la abolición de la esclavitud, y en Cartagena, además, se vivió la entrega de la resolución que acredita al conjunto de expresiones culturales asociadas a la Champeta como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación. Esta coincidencia afortunada transformó el Día Nacional de la Afrocolombianidad en una fiesta de reconocimiento, dignidad y soberanía cultural.
Seguro nadie discutirá que la conmemoración tiene su epicentro en Cartagena, la ciudad que carga la memoria del colonialismo pero también la confluencia del cimarronaje. Como afirmó María del Carmen Torres, asesora de Asuntos Étnicos de la Alcaldía, la libertad que celebramos ese día “no fue un regalo, fue una conquista” alcanzada mediante la lucha incansable de los pueblos étnicos.
Este espíritu de resistencia se materializa en la segunda edición del Afro Caribe Fest, bajo el lema “De África hacia el Caribe”. El festival se ha convertido en el escenario donde se visibiliza el trabajo de 33 consejos comunitarios y organizaciones de base que preservan la identidad. Desde jabones artesanales elaborados con saberes ancestrales por mujeres internas en centros penitenciarios, hasta pedagogías en el sistema Transcaribe, la afrocolombianidad hoy se siente en cada rincón de la vida cotidiana.
Por su parte, el reconocimiento de la champeta como patrimonio nacional es corazón de esta celebración. Durante décadas, el término “champetúo” fue usado para estigmatizar y segregar; hoy, es un emblema de orgullo nacional. La champeta, como género musical, es también un sistema complejo de vida que incluye la herencia sonora derivada de la fusión de ritmos africanos (soukous, highlife) con el bullerengue y el Caribe; la cultura picotera, en la que el picó pasó de ser un altavoz a convertirse en centro de la fiesta comunitaria y guardián de tradiciones orales, iconografías o el baile, como herramientas para enfrentar la exclusión y el racismo.
Como destacó la viceministra Saia Vergara, la champeta ha logrado transmutar siglos de dolor en “espeluque”, alegría y belleza. Es un repositorio de las memorias de aquellos que construyeron las murallas y las iglesias de nuestra nación, pero que durante mucho tiempo fueron ocultados por la historia oficial.
La inclusión de estas expresiones en la Lista Representativa de Patrimonio Cultural Inmaterial honra a los ancestros que escondieron semillas en sus peinados para asegurar la vida en el nuevo territorio.
Celebramos una herencia que ha sabido convertir el desgarro en danza y la opresión en un “baile en una baldosa”. Con la champeta como patrimonio y el festival Afro Caribe como vitrina de saberes, el país reafirma que el pueblo afrodescendiente, lejos de ser silenciado, ha liderado la creación de una nación más diversa, vibrante y orgullosa de sus raíces étnicas.
