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Editorial

Con Venezuela

“En Cartagena residen actualmente más de 70 mil venezolanos que hoy viven momentos de profunda angustia por la suerte de sus familiares en Caracas y La Guaira...”.

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Los dos potentes terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 que devastaron gran parte de Venezuela, singularmente en el estado de La Guaira, declarado formalmente como ‘zona de desastre’, y en la capital, Caracas, elevan ya las cifras oficiales de muertos y heridos en al menos 920 y 3.360, respectivamente, aunque es latente el temor a que la cifra de víctimas sepultadas bajo los escombros aumente considerablemente.

Esta tragedia golpea a una infraestructura nacional que ya arrastraba graves carencias estructurales, por la destrucción propinada tras la larga y agobiante dictadura que ha padecido el país hermano, convirtiendo la emergencia humanitaria en un desafío monumental que exigirá años de reconstrucción material, social y económica.

La emergencia ocurre en un momento crucial de la historia venezolana, en pleno proceso de transición política tras la caída de Nicolás Maduro. El gobierno interino, liderado por Delcy Rodríguez, decretó el estado de emergencia nacional, mientras líderes como María Corina Machado han activado la ‘red 600-K’, la misma estructura ciudadana civil que operó en las pasadas elecciones, para desplegar un operativo gigantesco de rescate y atención en las zonas afectadas, supliendo las profundas debilidades del aparato estatal.

A nivel global, la comunidad internacional ha reaccionado, y el llamado del mundo es unánime, siendo que la prioridad absoluta debe ser salvar vidas, dejando de lado los cálculos geopolíticos y las diferencias ideológicas. Venezuela necesita de la cooperación internacional y de un plan de reconstrucción moderno con estándares antisísmicos.

Esta dolorosa realidad no nos puede ser ajena. En Cartagena residen actualmente más de 70 mil venezolanos que hoy viven momentos de profunda angustia por la suerte de sus familiares en Caracas y La Guaira. Ante este escenario, la Alcaldía de Cartagena, a través de la Oficina de Cooperación Internacional, ha activado una campaña de recolección de ayudas materiales para mitigar el sufrimiento del pueblo hermano. El mandatario local ha hecho un llamado directo al altruismo y la empatía que caracteriza a los cartageneros. La donación de alimentos no perecederos y artículos de primera necesidad son aportes que, por pequeños que parezcan, representan una luz de esperanza para miles de familias que lo han perdido todo entre los escombros.

También, y más allá del deber moral de extender nuestra mano solidaria a los hermanos venezolanos, esta tragedia nos obliga a mirarnos en el espejo y plantearnos una pregunta incómoda, pero urgente: ¿Están Cartagena y Bolívar preparados para enfrentar un sismo de magnitudes similares?

Lo ocurrido en Venezuela es un doloroso recordatorio de que la prevención, la infraestructura resiliente y la educación ciudadana ante desastres no son lujos, sino garantías de supervivencia que tenemos que trabajar con seriedad y disciplina.

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