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Editorial

Inquietante caída turística

“No basta con tener los aviones listos; el país necesita agresivas campañas de promoción internacional y una mejora integral en su competitividad que logren contrarrestar...”.

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Conforme con el reciente análisis de la Asociación Colombiana de Agencias de Viajes y Turismo (Anato), el turismo nacional se encuentra hoy ante una crisis que exige tanto una lectura rigurosa de las cifras, como una reingeniería de nuestras estrategias de promoción internacional.

Anato enciende una alerta que los sectores público y privado no pueden ignorar, pues mientras la salida de colombianos al exterior creció un notable 12,6% entre enero y mayo de 2026, la llegada de visitantes no residentes experimentó una preocupante contracción del 1,6%, cayendo de 2,5 millones a 2,4 millones de viajeros.

Este comportamiento asimétrico no parece fortuito, sino que responde a dinámicas macroeconómicas muy claras. El principal catalizador de este fenómeno es la marcada apreciación del peso colombiano frente a la divisa estadounidense. Al cierre de junio de 2026, la Tasa Representativa del Mercado (TRM) se situó en $3.443,59, registrando una caída cercana al 15% en comparación con el mismo periodo del año anterior. Este escenario financiero genera un doble efecto inmediato.

Por una parte, abarata los costos de los viajes internacionales, incentivando el turismo emisivo y animando a los colombianos a empacar maletas hacia el extranjero. Por la otra, despoja al país de esa competitividad económica que solía atraer al bolsillo extranjero, encareciendo los servicios locales y desincentivando el turismo receptivo en la región.

La desaceleración se hace evidente al desglosar el comportamiento de los visitantes no residentes. Los extranjeros, que ya representan 8 de cada 10 visitantes, apenas crecieron un tímido 0,5%. Peor aún si tenemos en cuenta que los colombianos residentes en el exterior que visitaron el país disminuyeron 9,1% y el flujo de pasajeros en cruceros internacionales se desplomó un 8,2%. Todo esto ocurre a pesar de contar con una infraestructura robusta; el país mantiene un promedio saludable de 1.522 frecuencias aéreas semanales internacionales directas. El problema no es la falta de sillas disponibles o de conectividad, sino la capacidad para llenarlas con viajeros receptivos.

Como bien señala Paula Cortés Calle, presidenta ejecutiva de Anato, es perentorio articular esfuerzos público-privados para revertir esta tendencia. Colombia posee ventajas geográficas, culturales y naturales excepcionales, sumadas a un mercado aéreo nacional que sí reporta dinamismo (creciendo 4,3% con 6.498 frecuencias semanales). Sin embargo, el gran desafío actual radica en la gestión cambiaria y promocional.

No basta con tener los aviones listos; el país necesita agresivas campañas de promoción internacional y una mejora integral en su competitividad que logren contrarrestar el encarecimiento de la moneda local, transformando nuestra capacidad aérea instalada en un motor real de divisas y empleo.

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