“Me pongo a reír. Solo se necesita que un carro se vare y el corredor colapsa. Tampoco tiene bahías para que paren los buses. Es una pena el corredor que tenemos”. Estas son las palabras de un lector, que reflejan la frustración cotidiana de muchos cartageneros.
No le falta razón a este empresario de Mamonal, pues llamarle ‘Corredor de Carga’ a una vía que se asfixia con un solo camión averiado es un ejercicio de autoengaño que la ciudad no tiene por qué seguir sosteniendo.
El estado actual de esta arteria vial es el síntoma de un triple colapso: político, jurídico y técnico.
Por ejemplo, en lo administrativo, el proyecto de la APP Corredor Portuario, aprobado en 2019 bajo la gestión de Pedrito Pereira para modernizar el trazado y financiar la Quinta Avenida de Manga, fue desmantelado en 2022 por el exalcalde William Dau. Aunque la revocatoria respondió al rechazo ciudadano frente a la extensión del cobro de peajes por tres décadas, la decisión dejó un vacío enorme, pues se frenó la concesión, pero no se propuso una alternativa real de infraestructura.
En el frente legal, el Distrito ha logrado importantes victorias judiciales al dar por terminado el contrato con Concesión Vial de Cartagena y exigir la devolución de millonarios recursos por cobros irregulares; sin embargo, ganarle un pleito al concesionario no pavimenta la vía ni amplía sus carriles. Resolver el conflicto jurídico es solo el marco legal indispensable para recuperar la autonomía; el verdadero reto público es redirigir esos recursos y estructurar una solución de fondo que reemplace los paños de agua tibia de la malla vial.
La realidad técnica, mientras tanto, sigue costándonos. El paso de carga pesada hacia la Zona Industrial y Portuaria de Mamonal se mezcla diariamente con el tráfico urbano en una calzada que carece de especificaciones mínimas de contingencia. La inexistencia de bermas, bahías para el transporte público o zonas de parqueo de emergencia transforma cualquier falla mecánica en un cuello de botella que inmoviliza a la ciudad. Un corredor logístico que pretende conectar a Cartagena con el comercio internacional no puede funcionar con la fragilidad de una vía veredal.
Cartagena, bajo la actual administración, está rompiendo con la inane tradición de las discusiones estériles sobre el pasado, para darle paso a una visión de ciudad a largo plazo. Por lo mismo, el tiempo es oportuno para atreverse a crear la oportunidad de aprovechar los avances jurídicos para diseñar un nuevo modelo -sea mediante inversión pública directa o una alianza transparente- que ejecute la tan anhelada ampliación.
La infraestructura portuaria y de movilidad no es un lujo en Cartagena de Indias, pues de esta depende el corazón económico de la ciudad; por esto, cuando ese corazón se frena por un vehículo varado, lo que colapsa es la sostenibilidad de todos en La Fantástica.
