Editorial


Chambacú

“Mientras se inician los programas de reubicación de quienes tengan derecho a ello, es necesario ya detener las invasiones (...)”.

EDITORIAL

01 de marzo de 2020 12:00 AM

Inaudito que después de casi 50 años desde el inicio del desalojo definitivo de las más de mil familias que habitaban Chambacú, aún la ciudad no haya definido el uso que debería darse a semejante espacio urbano, contiguo o cercano a prometedores cuerpos internos de agua, admiradas fortificaciones coloniales, vías principales y, sobre todo, del centro histórico más famoso de las Américas.

Solo una ciudad fracasada puede darse el lujo de no aprovechar semejante área, en la cual debió haberse construido el centro administrativo distrital, con un gran parque y amplios parqueaderos más otros elementos urbanos que habrían supuesto “desembotellar” el casco viejo y facilitar la realización de las diligencias oficiales a los ciudadanos, quienes pudieran encontrar en un solo sitio no solo las oficinas públicas locales, sino también despachos judiciales, dependencias nacionales y oficinas de empresas de servicios públicos domiciliarios.

Pero no; es todo lo contrario. La desidia y la mediocridad que nos martirizan con inclemencia, y que deberían producirnos vergüenza, nos muestran a un Chambacú desdibujado de los sueños de quienes, en los sesenta e inicios de los setenta del siglo pasado, perfilaron lo que sería la más importante área urbana.

Hoy, ese estratégico espacio sigue generando noticias tétricas. Por ejemplo, la sostenida inseguridad, el creciente arribo de niños y adultos en estado de calle, la turbadora mendicidad, la venta y consumo de drogas, alcohol y sexo al aire libre, o la contaminación ambiental apenas son una muestra del listado afrentoso de lo que ocurre a diario tanto en la invasión que crece “de manera imperceptible” para las autoridades por años, como en otros puntos de los lotes que conforman esa zona.

Celebramos que el tema se haya llevado en días pasado a la plenaria del Concejo, con la asistencia de funcionarios de la administración Distrital. Pero faltó que se invitara a los representantes de entes como el ICBF, la Defensoría, la Registraduría y la Policía de Menores, pues no se trata solo de recuperar lo invadido sino de atender las causas de la insalubridad e inseguridad que allí se respira y padece.

Mientras se inician los programas de reubicación de quienes tengan derecho a ello, es necesario ya detener las invasiones, pero, especialmente, atender a los niños y adolescentes vulnerados y explotados en diferentes formas, que el padre Mahony y Arlena Hoyos, de la Fundación Dones de Misericordia, se esfuerzan en rescatar para restablecer sus derechos.

Considerar incluso declarar de utilidad pública zonas ociosamente desocupadas, con la justa compensación, por supuesto, no debe descartarse si allí se pudiera construir el centro administrativo pospuesto por años.

Manos a la obra entonces con dos planes de trabajo: el inmediato, con la atención de los menores vulnerados, con recursos y una intervención intersectorial sostenible; y el mediato, incluyendo el desarrollo estratégico armonizado de Chambacú en el Plan de Desarrollo, el POT y el PEMP.

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