Editorial


Invasiones

“El mejor ejemplo de la ausencia de una política de defensa de las áreas públicas distritales se centró en Chambacú, del que hace medio siglo fueron desalojados (...)”.

EL UNIVERSAL

16 de julio de 2022 12:00 AM

Este jueves, en el Concejo Distrital se realizó un debate de control político para conocer las acciones que la administración despliega a fin de evitar las invasiones de bienes públicos o controlar las existentes.

La sesión resultó muy interesante y copiosa en intervenciones a raíz de las evidencias fotográficas y testimoniales sobre cómo las invasiones descuadernan la ciudad y muestran la incapacidad que nuestras instituciones acusan frente a un problema que rebaja la calidad de vida y deteriora las posibilidades de un coherente y planificado desarrollo social, ambiental y humano sostenibles.

El mejor ejemplo de la ausencia de una política de defensa de las áreas públicas distritales se centró en Chambacú, del que hace medio siglo fueron desalojados los asentamientos irregulares para su traslado a otros barrios de la ciudad.

Si la idea era transformar ese sector en un espacio urbano exitoso, integrado al valor patrimonial del Centro Histórico, lo cierto es que una buena porción de ese otrora barrio continúa siendo un área desolada, fea, intimidante, sobre todo en sus oscuras noches, en las que se revelan historias sórdidas al vaivén del abandono y la explotación infantil, y la más depreciada prostitución. Allí han vuelto a crecer las invasiones, como si estuviéramos empeñados en retroceder 50 años.

Y si esa apatía se da en la defensa de bienes públicos que están cercanos al conjunto monumental más importante del país, ya podemos imaginarnos si habrá interés o compromiso en defender el resto de los lotes distritales y nacionales, que aún quedan sin ocupación ilegal en esta jurisdicción territorial.

Pero en la citada sesión los concejales se detuvieron en otros espacios objeto de invasión, saltando a la vista, por ejemplo, las difíciles condiciones en las cuales los inspectores de policía (autoridad civil que en primera instancia tiene la competencia para los procesos de defensa de bienes públicos y privados en materia de invasiones) deben trabajar, sin recursos técnicos y logísticos, para desarrollar tan delicada labor.

Y se puso sobre el tapete una de las caras más truculentas de este fenómeno incontrolado: las mafias que se vienen apoderando del territorio de los cartageneros, así como de los inmuebles de propiedad privada, verdaderos poderes criminales que propician las invasiones bajo el convencimiento de que no habrá autoridad que los confronte.

Pero, tal como lo señaló la concejala Liliana Suárez, no solo es importante que se ejerza la labor para impedir que continúe la apropiación ilegal de espacios y bienes públicos; también lo es que se atienda este, como un tema de connotación social en el que suele figurar una población vulnerable que también es víctima de estos procesos irregulares.

Los invasores profesionales se están descarando en la ciudad. Es previsible que en las próximas semanas lo hagan aún más.

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