En días pasados se publicó un estudio realizado por la Universidad CES de Medellín, en donde se determinó que cerca del 40% de los encuestados (alrededor de 711 profesionales de la salud) padecía algún tipo de afectación psicológica secundaria a la pandemia.
Dentro de los hallazgos se encontró que muchos profesionales padecían ansiedad, depresión, insomnio, sentimientos de disgusto, pena y culpa. Asociado lo anterior a síndromes por exceso de trabajo, que también afecta el estado de ánimo de estos trabajadores.
Bien por la Universidad CES que se ha interesado en la problemática que viven los trabajadores de la salud y por intentar a través de un estudio develar las consecuencias psicológicas del Covid-19.
Sin embargo, creo que los profesionales de la salud tienen desde antes de la pandemia una problemática más grave que la producida directamente por el Covid-19.
Esa problemática se llama: Sistema de salud colombiano, un sistema basado en intereses que priman por encima de los profesionales y que tienen que ver con temas financieros, de asegurabilidad, de sistemas de información, de sistemas de control, de eficiencia y de resultados. Eso en el papel, porque en la realidad, nos encontramos ante profesionales entrenados para tareas médicas que se enfrentan a quiebras financieras, a manejos inadecuados de los dineros del sistema, a cualquier cantidad de artimañas y vericuetos para trabar los tratamientos de sus pacientes y a la comercialización de un derecho fundamental que se llama Salud y que ante la posibilidad de una falla por cualquiera de los distractores anteriores, se ven sometidos a complicados procesos médico legales, que ponen en riesgo su carrera y su patrimonio.
Y esos problemas anteriormente mencionados, tienen a los profesionales de la salud en un estado que creería yo, está por encima de ese pavoroso 40% de afectación psicológica documentado por el CES.
Valdría la pena hacer un estudio que definiera cómo la capacidad adquisitiva de los médicos se ve afectada por los problemas derivados de unas condiciones laborales inadecuadas u otro que cuantificara cuántos consultorios médicos se han cerrado en los últimos tres años, producto de la quiebra de EPS o de intervenciones de las mismas.
Por el bien de todos, ojalá que con la vacunación mejoren los indicadores sanitarios asociados a la pandemia. Lo que sí estoy seguro que no va a mejorar en mucho tiempo, es el sentir de este grupo de profesionales que se han entregado con cuerpo y alma a un país, y con los que todos tenemos una deuda histórica de reconocimiento y gratitud.