Política


Dos grafitis en Cartagena, una pregunta: ¿la política está fallando?

Los efectos de la corrupción política y las falencias del sistema educativo se plasman en las paredes. En ellas, muchos jóvenes expresan su frustración y desconfianza.

Más de un cartagenero que se transporta en Transcaribe se ha perdido en la contemplación urbana. Ya sea por falta de datos en el celular o por mera distracción. Ojos viendo a la ciudad pasar, al edificio Aquarela tostándose al sol, el hormigueo de las motos o a los mensajes en las paredes. En estas, hay desde declaratorias románticas hasta publicidad política.

(Lea: Grafitis en el Castillo San Felipe: se borran, pero el daño persiste)

Recientemente, dos grafitis disruptivos provocaron emociones variopintas. En una de las paredes de la Plaza de Toros reposa: “Recibe los 50 mil, vota por otro y aplícasela”. Y, en uno de los flancos del Castillo San Felipe, adyacente a la avenida Pedro de Heredia, dos jóvenes del interior del país rayaron unas siglas, ya borradas por las autoridades, atentando así con el patrimonio cultural e inmaterial que representa el fuerte.

Del mensaje político de protesta del primero hay mucho trecho con el vandalismo del segundo; sin embargo, los dos pueden contrastarse, sin necesidad de defender la acción, con relación al mensaje juvenil de una sociedad en la que la política ha perdido credibilidad y donde cierta ineficiencia gubernamental ha causado falencias en el modelo educativo, necesario para el civismo.

“En nuestra sociedad el ejercicio de la política ha normalizado la convivencia con delitos como la corrupción y la compra de votos, herencia de una democracia que coexiste por más de sesenta años con el conflicto armado. Pero, en esa paradoja de naturalización criminal, hace años se fue despertando un sentimiento de desencanto con el sistema y con las brechas sociales que ha derivado en que los jóvenes vengan con una gran sensibilidad moral, que expresan en las calles o en los espacios en los que sienten libertad, pues no confían en gobiernos o en medios de comunicación, y es ahí donde aparece el grafiti”, explica la comunicadora Kelly Pozo García.

Y agrega: “Cansados del actuar político y de las estigmatizaciones hacia ellos utilizan el grafiti como un medio de expresión política, sin entrar a juzgar las fronteras borrosas entre si es legal o no. Es tomarse lo urbano para protestar desde la contracultura. Lo que no sale en los medios, pues lo cuentan las paredes”.

La periodista Pozo expone que algunas veces los mensajes no son intervenidos pues responden a ciertos intereses políticos; no obstante, la mayoría de veces los gobiernos locales limpian las paredes porque el grafiti es considerado una contaminación, una suciedad.

No obstante, a diferencia del realizado en el Castillo San Felipe, el de la Plaza de Toros lleva meses. ¿Por qué? Pues el mismo alcalde William Dau lo reconoció en sus redes sociales como un mensaje afín a sus principios, limitando la apología, pues su campaña electoral se basó en opacar la propaganda política tradicional —en varias ocasiones sus simpatizantes la pintaron de blanco— con mensajes de anticorrupción.

¿La educación está fallando?

El “garabato”, definido así por Pozo García, rayado en las paredes del Castillo San Felipe no tiene tintes políticos. Es un mensaje que atenta contra el patrimonio cultural de la ciudad, del país y de la humanidad. “Más que culpas veo que la responsabilidad del modelo educativo es la formación integral, autónoma y libre de los estudiantes. La crianza de los padres debe ir encaminada por lo mismo. Pero no es tan fácil relacionar el modelo educativo con lo hecho por esos muchachos”, indica la comunicadora.

Para el politólogo José Alejandro Sanín sí hay una culpa compartida del Estado, el Gobierno y el sistema educativo. “Esto, porque no hay suficiente consciencia —ni en la ciudad ni en el país— de la importancia del patrimonio cultural con el que cuenta Cartagena, hace falta mayor divulgación, información y educación al respecto. Por ello, las edificaciones patrimoniales no le dicen mucho a locales y extranjeros”, afirma.

Y agrega: “Por supuesto, la educación cívica o formación ciudadana sigue siendo muy débil en el país. Por lo tanto, se configura una espiral donde el Estado y el sistema educativo (público y privado) no ofrece suficiente preparación para la vida en sociedad ni respecto a los derechos y deberes ciudadanos, nuestros padres no contaron con herramientas para transmitirnos esos “valores” cívicos y ciudadanos en la crianza y finalmente nosotros estaremos desprovistos de esto para ayudar a formar a las generaciones que vienen. Por ello hoy afectamos el patrimonio y nos invitan a que le hagamos trampa al tramposo”.

Por su parte, para el politólogo Luis Trejos el tema de los grafitis debe verse desde distintas maneras. Esa dimensión va desde lo artístico, pasa por lo político y termina en expresiones personales que muchas veces rayan en el vandalismo. Lo que queda de fondo son las necesidades que están llevando a muchos ciudadanos inconformes a manifestarse en el espacio público como un medio para mandar un mensaje. Más que educación hay que instar a los gobiernos a satisfacer las necesidades básicas y abrir espacios de dialogo y expresión multisectorial. Acercar la política a la gente”, expone.

Más que educación es lo político

Para el politólogo francés Yann Basset no hay una clara relación de los grafitis con falencias educativas. “Sobre los mensajes políticos que muestran acá, me llama la atención el contenido. Aceptar dinero por el voto es un delito, pero parece tan normalizado en muchas partes de la gente no lo ve así. Al mismo tiempo, la gente siente cada vez más que no es un acto ético, que introduce desigualdad en las elecciones, y de cierto modo, llama a subvertir estas prácticas clientelistas aceptando la plata (y realizando el delito) pero votando por otro a consciencia, rompiendo la ética de la reciprocidad del intercambio para restablecer la ética de la igualdad democrática”, explica.

Y recalca: “Es bastante curioso el mensaje y el contenido se relaciona muy bien con el medio que también es de cierto modo ilícito, pero a través del cual se proclama un mensaje que muestra una búsqueda de equidad”.

En esta materia, el experto en Educación de la Universidad de Antioquia, Julián Andrés Cano Bermúdez, recalca que: “El Gobierno debe entender que la educación es algo integral. Que el límite de la educación no es la escuela, lógica de nuestro modelo que solo produce profesionales de forma automática sin una formación multidimensional. Un país donde el Ministerio de Cultura no solo se enfoque del folclor sino también de las dinámicas cotidianas de nuestra sociedad. Todo lo que generamos es cultura”, acota.

Y concluye: “Nuestra sociedad merece una mejor política y esta puede ganar credibilidad cuando fomenta la sinergia entre Gobierno, familia y educación creando políticas públicas integrales, por parte de personas que tengan la suficiente experticia y no por personas con cargos burocráticos o de cuotas políticas que responden a intereses particulares. Es una de las cosas que afectan la confianza en la política”.

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