comscore

Publicidad

Regional

Fue separada de su familia cuando era niña y ahora lucha por un reencuentro

María Luisa fue separada de su familia siendo apenas una niña. Con ayuda de su sobrino y el poder del internet ese sueño se cumplirá pronto.

Fue separada de su familia cuando era niña y ahora lucha por un reencuentro
Compartir en

Dios perdona, pero el tiempo a ninguno... transcurre sin tregua, dejando heridas, historias, alegrías y memorias que al alma retan. Memorias que el corazón brota a diario porque no se olvidan ni tampoco relegan.

María Luisa Vivero puede dar cuenta de ello, y es que ha sido prácticamente toda una vida apartada de sus raíces, de su sangre, de sus hermanos, con quienes anhela reencontrarse después de casi 45 abriles.

La vida es desierto y oasis, dicen, pero la suya estaba enmarcada por una serie de recuerdos que, para su desdicha, estaban acentuados por la violencia.

Arrebatada de su tierra, y por decisión en ese entonces de su madre, llegó siendo apenas una niña a Barranquilla, desde el Chocó, sufrió abusos y atropellos que la comenzaron a llenar de rencor, inquina y resentimientos. Era muy pequeña y no entendía nada. Lea aquí: El cartagenero que planea recorrer Colombia junto a su perro ‘Pello’

Solo el mismo tiempo, inclemente y volátil, podía llevarse todo aquello que la estaba atosigando. Mientras crecía, aumentaba su deseo de volver a reunirse con sus hermanos, con la esperanza de que podría recuperar, al menos, una parte de la vida que le fue negada y despojada.

“Yo quiero reencontrarme con ellos, nunca los he olvidado”, expresa en reiteradas ocasiones, como ese deseo que se lleva en las entrañas. Pero era una tarea compleja, sin redes sociales ni plataformas digitales, en aquel entonces, que ayudaran a dar el paradero de sus hermanos, todo parecía ser más difícil...

Formó una familia, tuvo dos hijos, sin embargo, en su nuevo hogar también sufrió maltratos y abusos por parte de su pareja. Lea aquí: Kike Sierra, el cartagenero que ilustra a una ciudad que todos añoramos

María comenzaba a ver de lejos la vida que anhelaba con los suyos, sus fuerzas comenzaban a disiparse rápidamente. Sin embargo, persistía, con vientos en contra, y mil dudas encima, con una misión que estaba clara, y que era ponerle un poco de color a su existencia volviendo a ver a su familia.

Todo el rechazo que llegó a sentir por su madre, producto de su abandono, fue cesando, ya quería abrazarla y sentir ese calor maternal que siempre le hizo falta, ese que es capaz de remendar hasta un corazón roto.

Un día, uno de sus sobrinos, Luis Ángel, se propuso ayudarla, haciendo uso de las redes, y como si se tratara de una búsqueda que también lo involucraba, le preguntó si recordaba nombres, al menos algo que se convirtiera en una pista que la acercara a su objetivo.

Fueron semanas, meses, insistiendo, escudriñando y tratando de dar con alguien que diera con un incierto pasado del que poco o nada se conocía. Nadie contestaba a los mensajes, nadie decía nada.

No se dieron por vencidos, al contrario, ya se trataba de un trabajo en equipo que pretendía a como dé lugar tener un feliz desenlace, aunque supusiera estar distante de la realidad por todas las trabas y dificultades que se encontraban en el camino.

Pero para su favor, se acordó del nombre de un tío. “Aquí hay uno que se llama José Murillo Medina”, le dijo su sobrino a María. Ella, de inmediato, asintió, se trataba efectivamente de su tío. Lea aquí: El grupo musical que interpretó los coros en la película ‘Encanto’ de Disney

La conversación transcurrió recordando nombres de la familia, que coincidían con aquellos que dejó de escuchar hace muchos años.

Luego de este encuentro virtual, dio con su hermana y su hermano, quienes desvelaron que también la buscaban. Cuentan ellos que solo rememoraban con añoranza una infancia, una adolescencia y tantas etapas más de la vida misma en las que ‘La Chacha’ nunca pudo estar.

‘La Chacha’, un apodo que, con nostalgia, estaba en sus mentes y en sus corazones, pero que muy difícilmente les iba a poder facilitar la búsqueda de su hermana María Luisa.

No tenían su nombre, nada de ella, simplemente ese sobrenombre y un sentimiento que traían consigo de pena por la lejanía, de ausencia y de pérdida -como en algún momento creyeron- de su hermana.

No todo fue color de rosa, se refirieron a su madre de la manera en la que nadie quisiera hablar: en pasado. “Ella falleció hace un año”, le revelaron.

Detallan que lo hizo buscándola, arrepentida de todo lo que había hecho, con el afán y la ilusión de pedirle perdón. Lea aquí: Omar pasó de cortar árboles a ser un guardián ambiental en San Juan

Entre lágrimas, María, llena de más dudas que certezas, no dejó de sentir dolor por la pérdida de la mujer que la trajo al mundo, y que aún con los desaciertos que pudo tener, buscó incesantemente con la voluntad de quitarle el polvo a todas esas horas perdidas, de enterrar de una buena vez un pasado desdichado e infortunado, tan solo para que aquellas cicatrices quedaran cosidas y así su realidad tuviera un nuevo significado y un nuevo brillo.

Como una película en pausa, hoy está la ilusión del reencuentro, del poder abrazarse y darle paso a las palabras que llegan solas, a las miradas y el contacto físico del que fueron privados por casi medio siglo. Va quedando menos, y cuentan los días como ávidos niños que esperan un regalo preciado que han estado pidiendo por mucho tiempo.

Mientras tanto, María aguarda y continúa con su trabajo, en una ferretería, en compañía de Luis Ángel, a quien bien le hace alusión su nombre, pues, indudablemente, se convirtió en un “mensajero de Dios”, que tuvo gran responsabilidad para que el sueño de volverse a reencontrar con sus hermanos, estuviera más cerca que nunca de cumplirse.

Únete a nuestro canal de WhatsApp
Reciba noticias de El Universal desde Google News