Con más de 2,8 millones de personas migrantes y refugiadas provenientes de Venezuela residiendo actualmente en Colombia, el país continúa enfrentando importantes retos en materia de atención humanitaria, inclusión y acceso a derechos.
En este contexto, el consorcio ADN Dignidad se consolidó durante los últimos siete años como una de las iniciativas de referencia para acompañar a la población migrante, retornada y a las comunidades de acogida, articulando respuestas a necesidades inmediatas con procesos de integración social y económica que contribuyeron a fortalecer su autonomía y bienestar.
Durante su implementación, el Consorcio brindó apoyo económico a miles de personas y familias en Bogotá, Cundinamarca, Atlántico y Magdalena, facilitando la atención de necesidades básicas.
Los hogares que ingresaron al programa durante abril y mayo de 2026 continuarán recibiendo este apoyo hasta finales de junio, en cumplimiento de los compromisos adquiridos.
En Atlántico la intervención benefició a 63.816 participantes
En el departamento del Atlántico, la intervención benefició a 63.816 participantes a través de acciones de atención integral. Lea aquí: Gobernación, Air-e y alcaldías unen esfuerzos para mejorar servicio de energía
De ellos, 2.510 accedieron a procesos de fortalecimiento en la estrategia CREA, con 1.074 en emprendimiento, 814 en orientación laboral y 361 en inclusión financiera.

La población atendida estuvo conformada principalmente por migrantes venezolanos (96,4%), seguida por comunidades de acogida (20,4%), colombianos retornados (16%) y población desplazada interna (0,3%), evidenciando la diversidad de los grupos beneficiados en el territorio.
Después de 7 años ADN Dignidad finalizó sus actividades en Colombia
ADN Dignidad, implementado por el Consorcio Cash for Urban Assistance (CUA), conformado por Acción contra el Hambre, el Consejo Danés para Refugiados y el Consejo Noruego para Refugiados, finalizó sus actividades en Colombia el 30 de junio de 2026.
Durante su implementación, el programa contribuyó al mejoramiento de la calidad de vida de cerca de 405.000 personas migrantes y refugiadas provenientes de Venezuela, colombianas y colombianos retornados, así como integrantes de comunidades de acogida en diferentes regiones del país.

A través de un modelo que combinó asistencia humanitaria basada en transferencias monetarias con estrategias de integración socioeconómica, el programa contribuyó a responder necesidades urgentes, promover el acceso a derechos y fortalecer las capacidades de miles de hogares para avanzar hacia una mayor autonomía y bienestar.
Los resultados a nivel nacional del programa reflejan avances concretos en la calidad de vida de los hogares participantes.
Según una evaluación de impacto realizada por la firma internacional 3iE, los ingresos de los hogares beneficiarios aumentaron un 14 %, mientras que las dificultades asociadas al acceso a la alimentación se redujeron en un 25 %, evidenciando una mayor estabilidad económica y capacidad para afrontar situaciones de vulnerabilidad.
Parte de estos resultados estuvieron asociados a acciones orientadas a la generación de ingresos, la empleabilidad y la inclusión financiera. Siga leyendo: Advierten que sólo el 5% de las víctimas en Atlántico accede a programas de atención
“Más allá de la asistencia inmediata, ADN Dignidad buscó generar condiciones para que las personas fortalecieran sus medios de vida, accedieran a nuevas oportunidades y avanzaran en sus procesos de integración. Los resultados alcanzados muestran que es posible combinar la respuesta humanitaria con acciones que contribuyan a una mayor estabilidad y bienestar de las familias”, comenta Eric Besse, director del Consorcio CUA.

Durante sus 6 años y 8 meses de implementación, ADN Dignidad brindó apoyo económico a miles de personas y familias en Bogotá, Cundinamarca, Atlántico, Magdalena, La Guajira y Valle del Cauca, facilitando la atención de necesidades básicas.
Con el cierre del programa, concluye una fase de respuesta humanitaria a uno de los mayores fenómenos migratorios de la región, dejando importantes aprendizajes para la atención a personas en situación de vulnerabilidad y un camino abierto para que se continúe cerrando brechas de asistencia que quedan en el territorio.

