Cordoba


Del corazón de Dios al corazón de los hombres

Las experiencias vividas por el médico cardiólogo Rafael Cañavera son la inspiración para componer sus temas.

NIDIA SERRANO M.

05 de junio de 2020 08:49 PM

Eran las tres de la mañana. La desolación del hospital de Montelíbano, en el sur del departamento de Córdoba, fue interrumpida por los gritos desgarradores de una madre que clamaba salud para su pequeña hija.

El médico rural de aquella época, corrió con los bríos de quien recientemente había hecho el juramento hipocrático, tomó a la menor en sus brazos para revisarla. Estaba fría, somnolienta y no se podía mantener en pie.

La madre, una mujer campesina, le pedía ayuda. Decía que a la pequeña le habían “arrancado” una muela y que desde entonces no había dejado de sangrar. Le abrió la boca, con sumo cuidado, y notó que efectivamente, el líquido rojo burbujeaba en ese lugar. Era sangre arterial, pues en el procedimiento le habían causado un daño vascular.

“Hay que suturarla”, gritó, pidiendo a la enfermera que le pasara rápidamente una gasa, hilo y aguja para coser y de esa manera detener la hemorragia. Sentía que la vida de la pequeña se esfumaba entre sus manos.

La respuesta de ella laceró su corazón. Sin tacto alguno, le dijo que en ese centro asistencial, no había nada de lo que le solicitaba, mas que un pedazo de gasa que quedaba en algunos de los depósitos.

Sin pensarlo dos veces tomó el pedazo de tela blanca y con una fuerza especial, que además considera sobrenatural, presionó el lugar. Solo se le ocurrió pedirle ayuda al Señor para que le regalara a la niña la oportunidad de vivir.

“Sentí que un fuego bajaba por mi brazo. Era como si se estuvieran desprendiendo gotas de vela caliente, pero que no quemaban. De mi mente salían versículos de la Biblia que yo no me sabía y en lo profundo de mi ser escuché una voz que me decía: Yo la estoy sanando”.

Quitó la gasa. Estaba seguro, por la fe que siempre ha profesado, que Dios había tenido misericordia. No había sangre. La niña empezó a recuperarse y sus signos vitales se estabilizaron, por una fuerza sobrenatural que no explicaría la ciencia.

Esa experiencia, en la década del 80, le bastó al médico cardiólogo Rafael Cañavera Ayala para entender que Dios estaba vivo y para sellar un pacto que aún se mantiene vigente. Justo eso que vivió cuando hacía el rural, en ese pueblo del sur de Córdoba, fue la que plasmó en la primera canción que compuso, la cual tituló Llama a Jesús.

En sus letras rememoraba ese día, mucho antes de viajar a Argentina a estudiar la especialidad, mucho antes de conocer al amor de su vida, María Alejandra Ibáñez, también médica cardióloga, y mucho antes de convertirse en el padre de tres hijos a los que ama profundamente: María Clara, Rafael Alejandro y Lidia Sofía.

Su primer acercamiento a Dios lo tuvo cuando hacía sexto semestre de Medicina en la Universidad Metropolitana de Barranquilla. Un amigo lo invitó a un grupo de oración en la Renovación Carismática y asintió sin titubear.

Había crecido en un hogar católico, donde su madre lo invitaba a misa los domingos, pero no pasaba de ser una rutina, que no generaba mayores compromisos. A veces, incluso, ella tenía que ofrecerle dádivas para que la pudiera acompañar.

Canta al Señor

No es muy usual que los médicos se dediquen a componer canciones a Dios y mucho menos a interpretarlas. Sin embargo, Cañavera ya tiene un CD grabado con temas que han surgido en momentos especiales de su vida, como ese que vivió en Montelíbano.

Aprendió a tocar guitarra y en esos momentos de soledad en Argentina, surgían en oración temas que forman parte de un trabajo discográfico que incluye ocho letras de su autoría. Algunos de los temas han sido grabados por el grupo Kerigma, encargado del ministerio musical de la Renovación Carismática de Montería.

En el año de 1998 regresó a su ciudad natal, casado con la mujer que había conocido en un hospital de Argentina, y desde entonces su vida profesional ha estado ligada a la fuerza del amor que Dios les imprime para servir.

Su vida transcurre entre el consultorio, que comparte con ella, donde ponen sus conocimientos al servicio de los pacientes afectados del corazón, pero también en la dirección de un grupo de oración en la Renovación.

Aprendió a tocar piano y así se ha hecho mucho más fácil componer para el Señor. No tiene mayores ambiciones en ese sentido, sino simplemente seguir entregando su talento para Nacer de nuevo, título que lleva otro de sus temas.

Las letras de Ven a sanarnos y Pentecostés tienen su propia historia. No pretende buscar explicaciones científicas a las cosas que le han ocurrido en su vida. Solo le basta saber que desde el corazón de Dios puede dedicarse a sanar el corazón de los hombres.