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Salud

Por qué no apoyar el castigo físico a menores

Se invita a cuestionar la validez de cualquier castigo como herramienta de aprendizaje, y se recomiendan sistemas de recompensa para premiar la conducta positiva.

Por qué no apoyar el castigo físico a menores
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Al aprobar esta ley, se da el primer paso para un cambio cultural en el que se respetan los derechos de los niños, niñas y adolescentes y se busca darles a los padres nuevas alternativas de crianza, que no impliquen violencia”, empieza la investigadora Ángela Trujillo.

El Senado de la República de Colombia aprobó el martes el proyecto de Ley 320, “por medio del cual se prohíbe el uso del castigo físico o cualquier tipo de violencia como método de corrección, contra los niños, niñas y adolescentes, y se dictan otras disposiciones”.

Desde la Sociedad Colombiana de Pediatría apoyan esta ley, teniendo en cuenta el pensamiento de la psicóloga Teresa García Hubard: “Si se entiende la disciplina como enseñanza y al niño como una persona capaz de reflexionar y resolver problemas, se vuelve claro que los castigos no son una herramienta para educar, pues no generan reflexión ni construyen un vínculo adecuado entre padres e hijos”.

Un análisis de expertos de Save the Children dice que “cuando los padres, madres y maestros equiparan la “disciplina” con el “castigo” y a ello le suman la violencia, las consecuencias pueden ser catastróficas para los niños y niñas”. Según esta organización, se cuestiona la validez de cualquier castigo como herramienta de aprendizaje, y se recomiendan en cambio sistemas de recompensas para premiar la conducta positiva.

Y es que cuando somos niños, si las personas que más amamos y admiramos nos infligen dolor, tenemos dos opciones: las culpamos a ellas o nos culpamos a nosotros mismos. “La mayoría de los niños y niñas elige esta última opción y se embarca en un proceso de justificación de dicha práctica”, señala el estudio en el que se encuestó a miles de pequeños.

cómo estamos

en Colombia

Al respecto, la Universidad de La Sabana ha desarrollado investigaciones que demostraron la prevalencia y efectos del castigo físico en los niños, niñas y adolescentes. Entre los principales resultados está que el 76% de los padres colombianos que participaron en sus estudios usan el castigo físico para la educación de sus hijos. Asimismo, que el castigo físico se inicia en el primer año de vida, desde los cinco o seis meses de edad, y la mayor prevalencia de esta conducta se concentra en los niños de cuatro años, afectando directamente a la primera infancia.

“La aprobación del proyecto, que es en esencia educativo, requiere de trabajo de todos los actores de la sociedad para disminuir y prevenir el castigo físico. Se han demostrado ampliamente sus efectos y asociaciones negativas sobre el bienestar y desarrollo de los niños, las niñas y los adolescentes. En este sentido, el compromiso de la academia es fundamental en el desarrollo de programas e intervenciones eficaces”, dice la investigadora Martha Rocío González, decana de la Facultad de Psicología de la Sabana.

¿Qué sienten los niños?

Un estudio paralelo halló que las emociones con las que los menores se sienten identificados cuando son castigados físicamente son: tristeza (61%), rabia (40,9%), odio (16%) y vergüenza (9%).

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