Un estudio del centro español de investigación de la Fundación Pasqual Maragall, en colaboración con ISGlobal, apuntó que la exposición a la contaminación del aire puede ser un elemento de desarrollo de la enfermedad del Alzheimer.
La investigación del Barcelona Beta Brain Research Center (BBRC), de la Fundación Pasqual Maragall, y en el que ha colaborado el ISGlobal, centro impulsado por la Fundación “la Caixa”, se publicó en la revista Environment International y aportó nuevas evidencias sobre el vínculo entre contaminación atmosférica y el mal de Alzheimer. (Lea aquí: Contaminación del aire deja 7 millones de muertes al año)
“Nuestra investigación apunta que las pequeñas partículas en suspensión y los gases contaminantes que se encuentran en la atmósfera, provenientes principalmente del tráfico, tendrían un rol como factores ambientales en el desarrollo de alzhéimer”, destacó la doctora Marta Crous-Bou, autora del estudio y científica colaboradora del BBRC.
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Así, “la polución del aire podría contribuir en el avance o progresión de la enfermedad”, añadió la investigadora.
En concreto, los resultados indican que una mayor exposición al dióxido de nitrógeno y a partículas en suspensión de menos de 2,5 micras (unidad equivalente a una milésima parte de un milímetro) se asociaría con niveles más altos de deposición de esa proteína beta amiloide en el cerebro.
Por otro lado, las partículas en suspensión iguales o inferiores a 10 micras se vincularían con un biomarcador de daño cerebral -una mayor acumulación de neurofilamentos ligeros en el líquido cefalorraquídeo-, que sería especialmente relevante en el caso de los portadores de la variante del gen APOE, el principal factor genético del riesgo de sufrir alzhéimer. (Lea también: Hito científico: Desarrollan terapia que podría revertir el Alzheimer)
Estos descubrimientos encajan con hipótesis que proponen que las partículas finas podrían llegar al cerebro atravesando la barrera hematoencefálica, la red de vasos sanguíneos y tejido que tiene la función de evitar que sustancias dañinas penetren en el encéfalo.
Aunque todavía se desconocen los mecanismos involucrados en estas asociaciones, la investigación refuerza la evidencia científica emergente que apunta que la contaminación del aire sería un factor de riesgo en el desarrollo de Alzheimer.
“Es importante destacar que se trata de un factor modificable al cual una gran parte de la población está expuesta”, indicó la doctora Silvia Alemany, que firma el estudio como investigadora de ISGlobal.
La muestra de la investigación ha incluido a 156 personas sin alteraciones cognitivas, con una media de edad de 57 años y con antecedentes familiares de la enfermos de Alzheimer.
Los participantes han residido en la misma vivienda y en la ciudad de Barcelona durante al menos 3 años.