El 28 de marzo de 1992 llegaron remitidas al Hospital Universitario de Cartagena dos niñas de apenas tres días de nacidas, unidas por el tórax y el abdomen. Habían venido al mundo mediante un parto vaginal atendido en casa, en una vereda rural de Planeta Rica, Córdoba. Compartían un cordón umbilical, pesaban juntas 4.200 gramos y una parecía estar más saludable que la otra.
Al ingresar a la sala de neonatología, fueron registradas como hijas de César Augusto Pastrana Ruiz y Vialys María Páez Gutiérrez. Inicialmente fueron identificadas como Gemelar A y Gemelar B, pero más adelante recibieron los nombres de Andrea y Brenda.
Los gemelos unidos constituyen una condición congénita poco frecuente. Aunque popularmente se les conoce como siameses, este término no es el más adecuado. Su uso se popularizó a partir del nacimiento, en 1811, de dos hermanos unidos por el tórax y el abdomen en Siam, antiguo nombre de la actual Tailandia.
Aquellos hermanos, que compartían el hígado, nunca fueron separados y recorrieron Europa y Estados Unidos como parte de un espectáculo circense. Sin embargo, no fueron los primeros gemelos unidos de los que se tiene conocimiento. Fallecieron a los 62 años, con pocas horas de diferencia.
Desde el ingreso de las gemelas al Hospital Universitario de Cartagena se realizaron evaluaciones clínicas, estudios imagenológicos, de medicina nuclear y pruebas de laboratorio para determinar el estado de salud de ambas. Compartían el esternón, componentes de la pared abdominal, el hígado y un fragmento del recubrimiento del corazón. Uno de los hallazgos más preocupantes fue que una de las niñas padecía una grave enfermedad cardíaca. Por esta razón, la cirugía de separación se consideró indispensable, pues la pequeña afectada tenía pocas posibilidades de sobrevivir.
Ante la urgencia, se adelantaron deliberaciones y se concluyó que tanto el hospital como la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena contaban con especialistas capacitados para realizar la intervención y asumir los cuidados posoperatorios. También se identificaron limitaciones en el equipamiento médico y se evaluó la posibilidad de adquirir los elementos necesarios.
Además, se decidió invitar al doctor Jaime Bastidas Rosero, de la Universidad del Valle, para asesorar al equipo multidisciplinario que se estaba conformando. El especialista aceptó y ofreció el apoyo de tres enfermeras de la unidad neonatal del Hospital Universitario del Valle, quienes orientarían al personal de enfermería.
Los doctores Luis Moreno Ballesteros, cirujano pediatra, y José Sequeda Mercado, pediatra neonatólogo, ambos profesores de la Universidad de Cartagena, quedaron al frente del equipo multidisciplinario.
Se recibieron aportes de la Gobernación de Bolívar, la Lotería Departamental y donantes anónimos. Los médicos brindaron a las niñas su “amor paternal”, mientras que las médicas y enfermeras entregaron día y noche su “amor maternal” durante los meses de preparación para la exigente cirugía. Esa dedicación también se mantendría en la etapa posterior.

Así fue la histórica cirugía para separar a las gemelas en Cartagena
La intervención quirúrgica se realizó el 10 de agosto de 1992. Un total de dieciséis profesionales participaron en la separación de Andrea y Brenda. A las doce del mediodía se dio por finalizada la operación, sin complicaciones ni alteraciones respiratorias o cardíacas.
Luis Moreno Ballesteros anunció con satisfacción lo que posteriormente difundieron los periódicos y noticieros: “La cirugía fue un éxito, sin ninguna complicación y las niñas se encuentran bien. La evaluación que podemos hacer de la cirugía es que, si no hay complicaciones, es que las niñas pueden llegar a sobrevivir”.
Estudiantes, profesores, invitados y periodistas siguieron el desarrollo de la cirugía desde el salón de conferencias Clímaco Silva, a través de una pantalla conectada a un sistema cerrado de televisión, posiblemente instalado para la ocasión.
Una vez separadas, las gemelas quedaron bajo el cuidado de los pediatras José Sequeda Mercado y Concepción Guardo Bustillo. Las enfermeras de la unidad neonatal se desvivieron en atenciones hacia las pequeñas. También estuvieron atentas cuando, al segundo día de la cirugía, se averiaron algunos equipos médicos. Una cadena radial y una empresa de envíos hicieron posible su reposición en pocas horas, mediante el traslado de nuevos equipos desde Bogotá.
Con el paso de las horas, Andrea se mostraba cada vez más fuerte y saludable, mientras Brenda presentaba inestabilidad respiratoria como consecuencia de su cardiopatía congénita y de los efectos de esta sobre su organismo. Al tercer día, Brenda falleció. Su muerte causó un profundo impacto emocional entre los médicos tratantes, las enfermeras y la ciudadanía.
A los pocos días de la intervención, Andrea pudo ser desconectada de los ventiladores artificiales. El 25 de agosto, quince días después de la operación, cumplió cinco meses de nacida. Era la consentida del Hospital Universitario. Una información de prensa de la época describió que tenía las mejillas rosadas, los ojos bien abiertos y observaba a todos los que la rodeaban.
La evolución favorable de Andrea nunca se detuvo. Su crecimiento y desarrollo psicomotor fueron excelentes. Las enfermeras de la unidad neonatal la cuidaron con esmerada dedicación durante más de dos meses, como si fuera una hija propia.

Una operación que marcó la medicina en Cartagena
Hace 34 años, a finales de octubre, Andrea fue entregada a sus padres. Ese día se cerró la historia clínica del único caso de gemelos unidos cuya separación se ha realizado exitosamente en Cartagena de Indias hasta el presente.
Al parecer, fue la primera separación exitosa de gemelos unidos en el Caribe colombiano. Una segunda intervención se realizó en 1999, en Barranquilla, aunque una de las gemelas falleció. Posiblemente no existe un registro nacional de las separaciones de gemelos unidos realizadas en Colombia. Es probable que haya subregistro y que no se hayan practicado más de veinticinco intervenciones de este tipo desde 1988, cuando se informó de un primer caso. Una escuela médica, un hospital universitario, un grupo de profesionales y la entrega irrestricta de un cuerpo de enfermería hicieron posible que Andrea regresara saludable a su hogar. La separación de Andrea y Brenda constituye uno de los acontecimientos históricos del siglo XX para la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena.
Actualmente, Andrea vive en la misma zona rural donde nació. Convive con su pareja y se dedica a la crianza de sus hijos, Esmeralda y Osmar. Su mamita y su abuelita, quien atendió su nacimiento, ya fallecieron. Su padre, quien autorizó que la trasladaran a Cartagena, una ciudad distante que entonces no conocía, todavía trabaja como campesino.
Hace dos días, Andrea, con la sencillez y tranquilidad propias de las comunidades caribeñas, me dijo: “Me gustaría algún día regresar a Cartagena a conocer y agradecer en persona a los médicos que me salvaron y a las enfermeras que me cuidaron”.

