“Aquí no está el que buscamos, pero de todos modos, vamos a darles candela”. Esas fueron las palabras que dijo el sujeto que con un revólver, calibre 38 largo, apuntaba a un grupo de hombres reunidos en una esquina de la calle San Pablo del barrio El Carmen, en Turbaco. Segundos después, abrió fuego y desató la tragedia.
El hecho ocurrió el martes, a las 7:50 de la noche. De los cuatro hombres reunidos, dos fueron baleados. Uno de ellos es Luis Fernando Torres Muñoz, de 28 años, a quien un proyectil le atravesó la pantorrilla derecha y luego se le incrustó en la izquierda.
Quien contó con menos suerte fue Pedro José Jiménez Pacheco. El panadero, de 33 años, recibió un balazo en el abdomen que le perforó varios órganos y murió ayer a las 6 de la mañana, diez horas después que lo hirieran.
El mismo martes, segundos después del ataque, vecinos del sector persiguieron a los presuntos asesinos, que huían en una moto marca Boxer, de color negro. Testigos cuentan que cuadras después, en la calle Espiche, los sujetos vieron a uniformados de la Policía que patrullaban en una moto el sector. Tras sentirse atrapados abandonaron la moto y se escondieron en una casa.
La Policía entró a la vivienda y capturó a Jean Carlos Murillo Llanos, de 25 años y oriundo de Barranquilla, y a Estid Manuel Lara Pájaro, de 20 y quien es natural de Turbaco, y quien dicen vive en un barrio cercano al lugar de los hechos. A los dos los acusan de ser los presuntos responsables del ataque a bala en el que murió el panadero.
La Policía asegura que a los capturados les hallaron un revólver con seis cartuchos, cinco de ellos percutidos. Ayer en la mañana fueron llevados al Centro de Servicio Judiciales y puestos ante un Juez de Garantías, quien los aseguró con cárcel. Ahora deberán responder por los delitos de homicidio agravado, tentativa de homicidio y porte ilegal de armas de fuego.
Las autoridades investigan los móviles del ataque. Los familiares de la víctima mortal, al igual que los del herido, aseguran que no tenía amenazas ni problemas.
Con una bala adentro
Pedro Jiménez vivía a solo unas casas del lugar donde lo hirieron de muerte. Toda la vida fue panadero y deja dos hijos. Trabajaba en una panadería en Turbaco. Sus parientes cuentan que el día del ataque terminó sus labores a las 4 de la tarde y luego fue a jugar un partido de fútbol.
A las 6:30 regresó, vio televisión y luego salió a buscar a uno de sus hijos. En el camino se encontró con varios vecinos que charlaban en la esquina donde posteriormente le llegó la tragedia. Al mismo lugar llegó Fernando Torres, quien no tenía mucho allí cuando llegaron los sicarios.
“El parrillero sacó un arma y después de decir que no estaba al que buscaban le disparó a un vecino, pero no le dio. Luego le dio el balazo a Pedro y para evitar que cayera yo lo agarré. En ese momento el sujeto me disparó en la pierna. Como pude corrí y llegué a mi casa, que estaba cerca. Luego me llevaron en una moto al Hospital de Turbaco y de allí me trasladaron a la Clínica Madre Bernarda. La bala aún la tengo incrustada en la pantorrilla izquierda”, relata Fernando Torres.
