No se imagina uno al poeta Luis Carlos López escribiendo un poema a una reina de belleza, y mucho menos soñando con coronarla. Pero ocurrió. Está en la historia picaresca de Cartagena de Indias en su primera mitad del siglo XX. El célebre Tuerto López ganó uno de los Juegos Florales, pero entregó su poema a un peluquero de origen libanés, de nombre Antonio Guerra. Las reinas han sido nombradas y cantadas por poetas y novelistas. Además del Tuerto López, hubo acrósticos y sonetos escritos por Daniel Lemaitre, Jorge Artel, José Nieto, alusivos a reinas de belleza.
El poeta Guillermo Valencia Salgado escribió un bello poema “Préstame tu corona, Luz Marina”, que ganó premio en Praga en 1958. Y el médico y poeta Alfonso Bonilla Naar hizo otro bello poema “El poeta regala su ciudad”, dedicado a Luz Marina Zuluaga, Miss Universo 1958, en el que clama en uno de sus versos: “Te la regalo con sus barriletes elevados/ y sus pandongas en el balcón de la historia/ te la regalo con el telar de sus manglares y sus cordeles tendidos/ te la regalo cromada para que no se oxide en tus manos/ te la regalo con su mar de mil azules/ y la luna de todos sus eneros/ te la regalo con sus carisecas y alfajores/icacos, mangos y cabalongas/ con sus mariamulatas y tuseros/ con sus primaveras y totumos/ con sus caracuchas y cangrejos/ con sus camarones uy langostas/ para que descubras en las alas de las gaviotas/la fórmula de las distancias”. Creo que fue la primera vez en que la mariamulata aparecía nombrada en un poema, en aquel 1958.
Los poetas han cantado a las reinas reales e invisibles como esa Clemencia Isaura, descendiente de condes de Tolosa que iluminó la imaginación de los poetas medievales, y cuya tumba existe a pesar de que parece ser una invención de los mismos poetas, para perpetuar la celebración de los Juegos Florales.
Cartagena no ha sido inmune al delirio poético suscitado por sus reinados.
El 24 de junio de 1949 Cartagena aparecieron en las calles de la ciudad hojas volantes que proclamaban el nombre de la señorita Elvira Vergara Echávez, como la Reina de los Estudiantes de Bolívar. Para sorpresa de los curiosos, una columna firmada extrañamente por Séptimus en el diario El Universal, invocaba el fervor estudiantil por elegir una reina. Era la primera vez que el nombre Séptimus, personaje de la novela La señora Dalloway, de Virginia Woolf, era utilizado por el joven estudiante de Derecho de la Universidad de Cartagena: Gabriel García Márquez para firmar una de sus columnas. No solo escribió ese clamor por las reinas sino que leyó un discurso en la proclamación de la reina, una legítima pieza literaria llena de metáforas desaforadas que auguraban ya el genio de García Márquez.
Así se expresó, en algunos de sus apartes iluminados, García Márquez: “Venimos a proclamar a Elvira Vergara para reina de los estudiantes, en nombre de una selecta oligarquía espiritual. Reclamamos para ella el sitio inicial en una dinastía de palabras frutales y la facultad de ejercitar desde su alta monarquía todas las virtudes olvidadas: la virtud de encender una estrella en el norte de los navegantes, de mecer la campana del sincero dolor por los muertos; la de amar al prójimo por sus necesidades y no por su generosidad; la de creer en la rosa por ser la rosa y no por la certeza de sus espinas; la de criar el cordero por su mansedumbre y por la calidad de la lana; la de esperar la tarde por la pulsación del lucero y no por el repaso del trabajo diario; la de partir el pan en rebanadas de amor y no en rebanadas de transación; la de amar al agua por su espejo y no por su servidumbre...
Porque estamos reclamando para Elvira la monarquía del estudiante humano.
Desciendan sus espíritus sobre nosotros y den testimonio universal para todos los siglos de estas últimas palabras: “Elvira Primera, soberana de la inteligencia”.
El discurso de García Márquez fue salvado del olvido por Jorge García Usta, en su libro Cómo aprendió a escribir García Márquez, y por Gustavo Arango en su libro Un ramo de nomeolvides: el paso de García Márquez por El Universal. Este hecho vuelto a rastrear e investigar de conjunto, ha servido de materia prima para el libro “Elvira, mi reina estudiantil forever”, del médico y escritor Álvaro Monterrosa Castro, quien además fue en busca e la reina en Arjona. En sus 281 páginas el libro de Monterrosa reconstruye instantes del reinado estudiantil del año 49 en Cartagena y teje la trama novelesca de este reinado en el que estuvo involucrado García Márquez.
Lo insólito de aquel reinado de 1949 es que la reina había elegido para su corte al joven periodista que 33 años más tarde sería el Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez.
LA REINA
Yo te he nombrado reina.
Hay más altas que tú, más altas.
Hay más puras que tú, más puras.
Hay más bellas que tú, hay más bellas.
Pero tú eres la reina.
Cuando vas por las calles
nadie te reconoce.
Nadie ve tu corona de cristal, nadie mira
la alfombra de oro rojo
que pisas donde pasas,
la alfombra que no existe.
Y cuando asomas
suenan todos los ríos
en mi cuerpo, sacuden
el cielo las campanas,
y un himno llena el mundo.
Sólo tú y Yo,
sólo tú y yo, amor mío,
lo escuchamos.
Pablo Neruda



