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Anthony, la alegría de ser payaso

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Cuando se le pregunta a las personas cómo se imaginan la vida personal de un payaso, la respuesta generalizada es: triste.

Está el imaginario que detrás del escenario, cuando termina la función, aparece el verdadero personaje: un tipo con una vida lamentable y afligida.

Pero, lo juro por Dios, Anthony es un payaso feliz. Con él se rompe cualquier estigma social. Para él, ganarse 100 mil pesos en todo el fin de semana (gritando, animando a unos chiquitines super traviesos y lidiando con la cantaleta de las mamás) es la gloria. Eso, sin mencionar el caluroso bombacho de colores brillantes que tiene que usar, y la peluca, nariz y zapatos que parecen dan más calor que el mismo traje.

Vive en el popular barrio El Pozón. Ahí, casi todo el mundo lo conoce. Goza de una nobleza, paciencia y optimismo exagerados. Por cuestiones de logística, incumplí nuestra cita, por lo menos, tres veces. Pero Anthony seguía con la misma disposición esperando el momento para la entrevista. Siempre me decía que el show ya estaba montado, pero que listo, que entendía. No sabía a lo que se refería hasta que fui a su casa.

En su estrecha terraza tenía puesto un enorme parlante, un amplificador de sonido y un micrófono. Sacó unas mecedoras descomunales que apiñaban más aún el lugar. Sin embargo, para él era importante que tanto la reportera gráfica como yo nos sintiéramos cómodas.

Pero más allá del aparatoso sonido y espectáculo que tenía preparado, lo más sorprendente era ver a esos 34 niños, quienes aparecieron de la nada para disfrutar el show.

“Profe, juguemos fútbol. No, mejor cantemos. No, mejor eche un cuento pa´ reírnos”, gritaban los niños, antes de que empezara la presentación.

Se sabe los nombres de cada uno, y ellos le obedecen cuando los regaña. Saben que si se portan mal el payaso no jugara con ellos; o, peor todavía, podría suspender el espectáculo.

A primera vista, Javier Antonio Caraballo, como es su verdadero nombre, no muestra pinta de payaso. Tiene 30 años de edad. Por su apariencia, da la impresión que alguna vez fue al gimnasio. Es muy simpático. Tiene los ojos cafés; y, extrañamente, la línea de su iris, azul. 

La magia empieza con un poco polvo Nailen número siete. Es uno de los más oscuros dentro de esa línea de productos. Cree que ese tono va mejor con su piel. Intenta lucir natural, es consciente que no a todos los niños les gustan los payasos y un maquillaje saturado podría, en vez de alegrarlos, generar el efecto contrario.

Mientras se va aplicando el polvo, me cuenta que estudió Contaduría Pública y Levantamiento Topográfico en el Sena.

-Entonces, ¿Por qué estaba sin trabajo entonces?-pregunto

-Porque estamos en Colombia y las oportunidades son escasas. El medio parece que está diseñado para unos pocos con influencias, y yo no tenía ninguna en ese momento.

Nació con una gracia innata que nada tiene ver con sus habilidades para hacer reír: Anthony es malísimo contando chistes:

-¿Qué hace un pato con una pata en un patio oscuro?-pregunta

-No sé-respondo.

-Caerse (carcajadas)

Nunca le llevaron un payaso a sus fiestas de cumpleaños. De hecho, jamás le celebraron un cumpleaños. Pero admiraba a los payasos desde que recuerda. Cree que tiene el mejor oficio del mundo: alegrarle la vida a la gente.

“Cuando voy a animar una fiesta, lo primero que busco son las personas que tienen un semblante triste. Hasta que no les robe una sonrisa no siento que cumplí con mi misión”, dice.Regresa al espejo para seguir con el maquillaje. Se aplica una crema blanca que se parece al iluminador que usan las mujeres debajo de los ojos para disimular las ojeras y resaltar la mirada.

Luego aplica un labial rojo que hace ver sus boca más carnosa y con volumen. Alrededor de los labios se pasa el mismo lápiz negro con el que se ha dibujado un poco de figuritas por todo el rostro. Finaliza con un lunar que pinta en su barbilla.

Tiene varios disfraces, pero uno de sus favoritos es el de mundialista. Se le ocurrió hacerlo con motivo de la fiesta del Mundial Brasil 2014. Es azul y tiene las estrellas de la bandera de Estados Unidos por todas partes. En los bolsillos traseros, las banderas de cada uno de los equipos que participaron en el evento deportivo. Además, unas garras para los pies, un enorme sombrero y una capa, que el llama chaqueta, que lo hace sentir elegante.

Sonreír entre lágrimasEs un hombre emocionalmente estable. Casi siempre está de muy buen humor, una ventaja infinita en su trabajo. Recuerda que sólo en una ocasión se sintió impedido para dar un espectáculo, pero al final lo sacó adelante.

Un sobrino, a quien amaba como a su hijo, falleció. Para ese mismo momento, su sobrina tenía todo listo para su fiesta de cumpleaños. Anthony le había prometido que de regalo le animaría la fiesta.

Ese día, entre lágrimas y sintiendo un dolor profundo en el pecho, cuenta, se puso su traje e hizo lo que mejor sabe: hacer reír.

“De todos los momentos, ese fue el más duro. Un payaso representa alegría, pero cuando uno está triste, ¿quién lo alegra?”, expresa.

Cree que por ser noble, no cobrar una tarifa alta y hasta regalar su trabajo cuando quienes lo contratan no tienen los medios suficientes para pagar una tarifa normal, Dios y la vida lo bendicen con más trabajo.

Hace poco le salió una fiesta de cumpleaños. Por desgracia, la mamá del niño agasajado, días antes de la celebración, perdió su trabajo. El niño ya estaba emocionado con la fiesta, de modo que el papá del pequeño empeñó el televisor. Buscaron a Anthony, le contaron la situación y el payaso cobró un valor mínimo.

Con sus espectáculos, Anthony tiene que pagar su alimentación, transporte y servicios de salud. Pero descubrió que el amor que le tiene a su profesión es mucho mayor que el dinero que le genere.

“En Cartagena hay muchos payasos, pero pocos los que con sus mensajes se quedan en el corazón. No es el que cobra más caro, ni el que tenga el mejor disfraz, es el que sea más tierno, quiera a los niños y a los invitados. No se enamoren del dinero, sino de su oficio. Así obtendrán una felicidad infinita”, concluye.

Anthony es un payaso feliz. Fotos: Kailline Giraldo/ El Universal/
Anthony es un payaso feliz. Fotos: Kailline Giraldo/ El Universal/
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