Hay canciones que liquidan cualquier avance en la lucha feminista del siglo XX.
¿Qué pasaba por la mente de la chica que por estos días se subió sobre la barra del Estanco Fiesta a sacudir su descomunal trasero al ritmo del tema La cantúa, mientras varios clientes del lugar le metían la nariz en la cola? ¿Con cuántos años de luchas de igualdad de género acabó esta niña en los dos minutos que duró ese estribillo?
Pero no se trata de juzgarla. Claro que no. Ella es sólo un referente más para evidenciar la crisis de valores que vive nuestra sociedad.
A este tipo de manifestaciones culturales, que no son canciones, sino estribillos que se repiten a lo largo de una pista, se les denomina ranchanchán.
“Tú estás cantúa, cantúa, cantúa, cantúa, tongeo, tongeo, tongeo, tongeo, por arriba por abajo, tongeo, por el codo, cantúa, fuerzúa. Tú estás pencúa...”.
Esta pegajosa frase se repite unas cuatro veces más y así concluye la pista. En el ranchanchán no hay una verdadera producción, composición o sentido. Lo que se busca es enviar un mensaje de desorden, fiesta y violencia.
“Esto es válido en tanto es una práctica musical de un sector amplio de la sociedad. Pero toda práctica, si agrede con su forma de decir o hacer a cualquier ser humano, está destinada a un debate a través de los medios de comunicación, de las universidades, la academia y todos los grupos sociales”, afirma Hortencia Naizara Rodríguez, docente y especialista en equidad de género.
Lo que están haciendo estos exponentes, consciente o inconscientemente, es ridiculizar de forma violenta la sexualidad de las mujeres. Al ser el sexo un tema tabú por tanto tiempo, despierta morbo y se vende como pan caliente en una industria que está en franca crisis, y se reproduce en emisoras populares y otros medios de comunicación, a los que, da la impresión, se les olvidó la responsabilidad social con el manejo de la información.
¿Qué debería pensarse? ¿Estamos ante un grupo de creadores con poco nivel intelectual? O por el contrario, ¿Tienen tanto conocimiento de música, sonido y medios de comunicación que logran que la gente los asimile irreflexivamente?
Al respecto, la profesora Hortencia Naizara dice que “estos jóvenes deberían estar estudiando música. Un tema como la imagen de la mujer en la sociedad es utilizado de manera reiterativa para presentar una práctica cultural que disminuye a las mujeres, pero también a los hombres, porque si los hombres nuestros hablan mal de nuestras mujeres, de quienes están hablando mal es de ellos mismos”.
Es evidente que la idea es vender producciones musicales en el menor tiempo posible. De ahí la creación de estribillos de fácil asimilación, los cuales, así como se pegan, desaparecen. Son temas de momento. Jamás se convertirían en clásicos.
Hay otros temas como El Serrucho, del cantante Mr. Black, donde la imagen de la mujer también se ve vulnerada.
“María Moñito se le partió.La cama que el Chawa le dio.La trajo pa’ que la arreglara.Porque soy el que la clavaClava, clava, clava, clava, clava, clavaCla, cla, cla, cla, cla, cla, clava.Yo soy su carpintero.Ay, mamá, ay mamá”.
Existen otras canciones que hacen apología a la vagina de la mujer como El chocho, del maestro Charles King:
“Pero mira:Mira qué chocho bonitoMira qué chocho bacanoEl que tiene ellaEn la faldaMira que estoy preparadoListo aquí y con el paloPa’ ponerle a ellaLa cucaracha”.
Por lo menos, en este tema algunos podrían interpretar un mínimo de composición y gusto estético. Sin embargo, pareciera que el valor de la mujer quedara reducido única y exclusivamente a sus genitales.
Hay otras que tienen directamente la intención de demoler la sexualidad y ponerla en público de la forma más grotesca y violenta. Ejemplo de ello es La malparida, de Elio Boom. Aquí sólo la primera estrofa como abreboca:
“Quiero desahogarme con la malparida que jugó con mis sentimientos. Eres una bandida, una gran malparida, una perra hijueputaaa que ha burlado mi vida”.
La cosa es con nosotras...
Es un secreto a voces que Cartagena es una ciudad sumamente machista. Aquí, a quienes se ridiculiza constantemente con las letras de los estribillos es a las mujeres, fenómeno que no ocurre con los hombres.
No existen canciones en las que las mujeres hablen de esa forma vulgar sobre los atributos de los hombres. Lo más cercano a eso sería La niña Emilia, con la canción El pájaro picón, que hace alusión de forma metafórica al miembro masculino.
“Artistas como La niña Emilia e Irene Martínez tienen una producción estética. No señalan con palabras obscenas, fuera de contexto e irrespetuosas”, explica Rodríguez.
Dice, además, que estas prácticas machistas parecen imperceptibles, pero lo que se está es legitimando la violencia sexual y social hacia la mujer. Desde los 90 aumentaron drásticamente los casos de homicidios contra las mujeres.
“En el fondo lo que se prescribe es que la mujer es un objeto sexual, y el hombre tiene la escritura pública del cuerpo femenino: puede hacer con el cuerpo femenino lo que le venga en gana”, precisa Rodríguez.
En la edición del 21 de septiembre, este medio publicó el caso de Jacinta Castro Mendoza, quien fue asesinada por su pareja en un presunto ataque de celos. La mujer habría estado bailando con varias amigas en una fiesta de Amor y amistad que organizaron sus vecinos del barrio Albornoz.
A su compañero sentimental, al parecer, no le habría gustado la condición sensual de sus movimientos y le pidió que dejara de bailar. Jacinta ignoró la petición y siguió divirtiéndose.
Su pareja se fue del agasajo y Jacinta salió detrás para convencerlo de que regresara. Cuentan los vecinos que discutieron airadamente en su habitación. El hombre con un cuchillo la habría herido brutalmente en su pecho hasta asesinarla.
***
La imagen de la mujer no se ve denigrada sólo en la champeta. Hay otros géneros como el vallenato en el que existe una carga simbólica que ultraja su valor. La canción El torito, interpretada por Diomedes Díaz, es muestra de ello al referirse a ésta como un animal:
“Viene la vaca, viene la vaca (bis)Yo soy el toro, yo soy el toroYo soy el toroy ella tiene un terneritoternero que sabe¡ay! que se la mama, que se la mama que se la mama ya lo vesy la …”
La mejor forma para construir sociedad es mediante la cultura, que nada tiene que ver con la élite, la división y las clases sociales. Ése es otro imaginario que nos han vendido los medios de comunicación. La cultura integra. Es pensamiento. Por eso, ahora más que nunca hay que repensar y evaluar qué mensajes están generando y recibiendo las nuevas generaciones.
“Todas las prácticas culturales necesitan ser cuestionadas. Si le damos tanto privilegio a este tipo de canciones, es porque algo anda mal. Creo que necesitamos foros abiertos sobre estas manifestaciones culturales y enviar otro mensaje de dignidad, porque estas prácticas disminuyen la imagen de la mujer en la sociedad”.
Conoce las tradiciones que se fusionan en los fritos cartageneros
TANIA FLÓREZ DECHAMPS



