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Goretti Medina Coronel, una cartagenera que triunfa fuera de su tierra

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Cuando muchos escuchan Goretti piensan que es un apellido o es un nombre de hombre. Pero ella tiene que aclarar que es su nombre y que su padre se lo colocó luego de ver una lista de turistas italianos que llegaron a Cartagena y que habían salido publicada en el diario El Universal.

“Cuando nací, en Cartagena, una prima de mi papá le dio un listado de nombres opcionales para su primera hija, que era yo, lo tomó del periódico El Universal de un grupo de personas que habían llegado de Italia y entre ellos estaba Goretti y mi papá le gustó y me lo puso a mí. Todo el tiempo me quejé porque mis amigos tenían nombres normales y ahora él me dice: ‘ves que sí te sirvió’. Hay mucha gente que cree que me inventé el nombre por el tema del modelaje, pero no, ese me lo puso mi padre”.

Así lo aclara Goretti Medina Coronel, una cartagenera que hace 15 años, con un niño de dos años partió a la ciudad de Barranquilla a buscar una mejor porvenir para ella y para su bebé. Y que hoy se abre camino como una gran diseñadora en la capital del Atlántico y que busca extenderlo hacia nuevos horizontes en el exterior.

Nació en el barrio San Pedro, luego sus padres se la llevaron para el barrio Martínez Martelo, luego a Manga y por último al Pie de La Popa, que fue el último donde vivió antes de irse a vivir a Barranquilla. Eso hace unos 15 años. Estudió en el Liceo Nacional Femenino Soledad Acosta de Samper. Allí hizo la primaria y el bachillerato. Luego pasó a la Universidad Tecnológica de Bolívar. “Empecé a estudiar Ingeniería Industrial y terminé pasándome para Administración, pero tampoco la terminé”.

Dice que tal vez por estar muy joven no pudo seguir en la Ingeniería. “La verdad era que no tenía un norte claro de lo qué quería ser en mi vida. Me incliné por la Ingeniería porque en la familia hay muchos médicos y no me gustaba nada el área de la salud. Mi papá es economista y tal vez por eso más tarde me incliné por la administración, por ese tipo de carrera”.

En el proceso universitario quedó embarazada cuando ella tenía 19 años y el padre de la criatura 17. “No continué con mis estudios porque demandaba más tiempo y la responsabilidad ya no era de estudio sino más bien de cumplir con el papel de madre totalmente”.

Dice que a raíz del embarazo y su primer hijo, que hoy tiene 17 años, y que pronto termina el bachillerato, la vida le cambió totalmente. Su padre se fue a vivir por cuestiones de trabajo a Barranquilla y su madre también, que se fue a acompañar a la otra hermana menor que estudiaba medicina en una universidad de allá.

“Me fui quedando en Cartagena prácticamente sola y con un niño pequeño. En vista de que mi papá, mi mamá y mi hermana vivían en Barranquilla me tocó abandonar a Cartagena, a la ciudad que amo, para irme a vivir allí. Aunque el padre de mi hijo me apoyó, yo quedé prácticamente como una madre soltera y por eso decidí irme a Barranquilla”, recuerda hoy.

Pero ese cambio le dio una gran transformación a su vida. Porque entonces empezó a ganarse el sustento con algo que llevaba escondido en su sangre y que había heredado de su madre: la modistería y el diseño. “Mi mamá toda la vida confeccionó y con eso nos crió a nosotras, a mi hermana y a mí. Hacía ropa femenina. Ella tenía el taller en la casa, era pequeño. Trabajaba de 6:00 de la mañana a 10:00 de la noche. Y en diciembre era más duro por la cantidad de clientes que tenía. En ese mundo me crié y por eso más tarde tomé el camino que hoy, gracias a Dios, me ha ido muy bien”.

Toma el camino del diseño buscando el sustento para ella y para su hijo Sebastián. “Mientras mi hermana estudiaba y yo desubicada en qué hacer en Barranquilla, me puse ayudar a mi mamá y comenzamos a hacer manualidades. Hacíamos mochilas, bolsos, todo tipo de manualidades y los vendíamos. La que los distribuía era mi hermana en la universidad”, dice.

Cuenta Goretti que a raíz de eso vislumbró un negocio próspero porque con lo que lograba vender “tenía dinero para mis cosas y para mi hijo”. Empezó a estudiar una carrera técnica en la Corporación Universitaria de la Costa de Barranquilla. Reinició la carrera de Administración. Estudiaba de noche y le salían trabajos eventuales. "Tuve una prima que me vinculó a una entidad pública y terminé trabajando en el Tránsito del Atlántico por muchos años”.

Al tiempo que trabajaba seguía haciendo sus manualidades las cuales vendía a sus compañeras de trabajo y a las que les gustaba cuando que veían lo bonita que quedaban. “En el trabajo tejía a escondidas y hacía muchas cosas”. Eso le sirvió  para conocer a mucha gente que hoy en día son sus clientes más fieles. Toda esas personas que conoció le compran su marca.

“Es que es muy bonito saber toda la evolución que tú has tenido y la posibilidad de desarrollar y emprender un proyecto de este tipo. Y después de varios años de estar en el Tránsito del Atlántico decidí dedicarme a lo que siempre me gustó: el diseño”, dice mientras cierra sus ojos y retrotrae sus recuerdos al presente.

Dice que mientras trabajaba en el Tránsito del Atlántico muchas personas le pedían asesoría para que las ayudara a vestirse, qué tipo de tela comprar y así por el estilo. “Entonces me dije: a esto le voy a sacar más provecho. Porque todo el mundo recurría a mí cuando tenían un evento para que les sirviera de asesora. Y en el 2007 empecé el proyecto con una prima y fue enfocado más en hacer ropa de playa y vestidos de baño. Compramos unas máquinas, con la ayuda de mi mamá”.

Como ya había montado el taller decide retirarse del trabajo después de cinco años de estará allí. “Es que me estaban demandando más tiempo el taller y era lo que a mí me gustaba. Entonces buscamos un local, lo remodelamos, hicimos unos diseños pensando en todo lo que queríamos, siempre con el color blanco, que me encanta y sigue presente en mi marca”.

Cuando ya tienen el proyecto en mente, entonces surge la idea de darle un nombre. Crear una marca con un nombre llamativo. “Nos reunimos y como eran vestidos de baños, nos empezamos a preguntar: ¿Qué hay en la playa? Hay arena, palmeras, agua, coco y nos sonó el tema del coco y decidimos ponerle Cocco Allé, que significa coco para todos. Y muchos, ahora que conocen la marca, creen que lo puse por mi hija que se llama Alejandra, a mí me da igual, me gusta que lo piensen, pero Cocco Allé nació mucho antes que hija Alejandra, que tiene 4 años”.

Con la marca el negocio se creció y le tocó cambiar de lugar, a un sitio al norte de Barranquilla y con más espacio. “La casa la fui transformando y la convertí en una casa de moda. Y de la ropa de playa me quedé más con la ropa casual, porque me enamora más la ropa casual. Y de esa ropa casual se desprendieron otras líneas como la ropa de fiesta y ahora estoy con novias, que cada día se hace más fuerte y con esta línea la gente me está conociendo más”.

La línea de novias le ha permitido participar en las ferias que se hacen en la capital del Atlántico. “Este año tenemos pasarela en el Wedding Fest Barranquilla 2015, que va entre el 11 y 12 de noviembre”.

En este último septiembre estuvo con su prima, con la inició el proyecto, en el Fashion Week de Nueva York, donde, según sus palabras, les fue muy bien. “La evolución que ha tenido la marca ha sido fantástica, ha sido un proceso de mucho trabajo. Comencé con tres personas en un taller y ahora tengo 25 empleados”.

Las telas que llevaron a Nueva York fueron diseñadas por los trabajadores de Cocco Allé y el proceso de estampado se hizo en la ciudad de Medellín. “Fue algo de orgullo que sentimos porque la gente se quedó admirada con el colorido y el diseño de las prendas”.

También ha estado en Panamá vendiendo sus accesorios, especialmente los expectórales, que es una impronta de su marca. “Es un accesorio hecho con botones, que lo hago hace mucho tiempo y soy pionera en la realización de este accesorio. También hemos llegado a Perú y México”.

Pero no sólo tiene local en Barranquilla, ya tiene puntos de venta en el Centro Histórico de la ciudad de Cartagena, en Riohacha y Valledupar. “El taller está en Barranquilla y de allí sacamos toda la producción, con el apoyo de unos talleres satélites, hacía los otros almacenes. Y si Dios lo permite, vamos a tener un punto en Bogotá, no como un punto de venta sino como haciendo presencia de marca donde hay un grupo de diseñadores”.

Pero junto al proyecto empresarial también iba haciendo su vida personal. Consiguió un nuevo compañero con el que ha conformado un hogar. “Ha sido una persona súper especial, que me ha apoyado en todo y como queríamos tener una hija la hicimos y hace cuatro años nació Alejandra. Y hemos decidido sacar adelante nuestro proyecto de vida”.

Y como siempre le gusta crear y pensar en lo que viene, Goretti ya tiene proyectado estar en el 2016 en la ciudad de Miami, Estados Unidos. “Tengo una amiga allá que me está apoyando para promover y vender mis vestidos de novias en Estados Unidos, es de las cosas más cercanas que tengo proyectado, pero a largo plazo me gustaría tener puntos de venta en otras ciudades de Colombia. Voy con calma porque quiero que todo vaya muy bien cuidado y duro. Porque no es correr, llegar y luego desaparecer, no. Lo ideal es llegar y quedarse y permanecer y que perdure mi marca por mucho tiempo”.

Reconoce que en los últimos años se ha disparado el reconocimiento de la marca porque ha tenido el apoyo de muchos artistas o de personas de la vida pública que se visten con su ropa y atuendos. “Eso ha disparado el reconocimiento de la marca Cocco Allé”.

Y es que con Cocco Allé en estos momentos se visten: Adriana Lucía, Martina La Peligrosa, Stefanía Borges, Melissa Martínez, Laura Acuña, Catalina Robayo, Goyo de Chocquibtown… “Toda esta ola de artistas que han decido usar mi ropa han permito que la marca sea recocida. Espero que no se me haya quedado nadie por fuera, pero todas han sido un gran apoyo en mi carrera”.

Ella es Goretti Medina Coronel, una cartagenera que ahora de destaca en Barranquilla poniendo en alto el nombre de su ciudad, pero que su proyecto a futuro es que Cartagena la identifiquen con su marca Cocco Allé, para que sea una ciudad para todos.

 

PARA GORETTI MEDINA CORONEL, ¿PORQUÉ CARTAGENA ES LO MÁXIMO?

“Cartagena es lo máximo porque es la ciudad que me vio nacer y nació mi hijo también. Me enamoro de ella cada vez que voy a visitarla y me siento como si fuera la primera vez. Me siento como una extranjera viendo todo lo hermoso que hay. A veces el tiempo se me hace corto cuando la visito. Pero es lo máximo por sus playas, por su gente, que es muy amable, muy querida. Hay cosas que en Cartagena todavía se conservan como la amabilidad de la gente, que en otros sitios turísticos del mundo no tienen. Creo que Cartagena es lo máximo por esa gente que recibe al turista, que le brinda la ayuda, te guían sin malicia. La gente es lo máximo que tiene Cartagena y después sus paisajes. Quiero decir que los últimos 15 años ha cambiado mucho, pero sigue manteniendo esa esencia hermosa. A veces, cuando estoy en el Centro Histórico, le digo a mi esposo y a mis hijos: esta es la casa que yo me merezco”.

Goretti Medina Coronel, una cartagenera que ahora de destaca en Barranquilla poniendo en alto el nombre de su ciudad. JAIRO GUZMÁN
Goretti Medina Coronel, una cartagenera que ahora de destaca en Barranquilla poniendo en alto el nombre de su ciudad. JAIRO GUZMÁN
Goretti Medina Coronel, una cartagenera que ahora de destaca en Barranquilla poniendo en alto el nombre de su ciudad. JAIRO GUZMÁN
Goretti Medina Coronel, una cartagenera que ahora de destaca en Barranquilla poniendo en alto el nombre de su ciudad. JAIRO GUZMÁN
Diseños de Goretti Medina. JAIRO GUZMÁN
Diseños de Goretti Medina. JAIRO GUZMÁN
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