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La historia de un milagro para una madre colombiana en Holanda

La colombiana Grace de Gier vivió una dura experiencia en Holanda y la convirtió en la letra de una canción, inspirada en el pequeño gran milagro que la vida le regaló.

CRISTIAN AGÁMEZ PÁJARO

16 de mayo de 2021 08:00 AM

La auxiliar médica tenía el semblante de ser portadora de malas noticias. La ecografía de rutina mostraba que algo andaba mal. Y fue entonces cuando surgió el diagnóstico preliminar: “Tú bebé no está bien”. Era la semana 31 de embarazo y a Grace de Gier solo pensar que podía sucederle algo malo a su pequeño la aterrorizó. Luego, para ella, para su esposo, Rolf de Gier, y para su familia llegarían noticias menos alentadoras y poco esperanzadoras. (También le puede interesar: Alberto Farah: la historia de un emprendedor y de su mayor prueba)

La colombiana Grace de Gier reside en la ciudad holandesa de Heerhugowaard. Nació y se crió en Duitama, Boyacá. Se enamoró de un extranjero y se fue a vivir fuera del país hace once años. Su vida transcurría normalmente hasta ese día de 2018, cuando sobrevino una adversidad.

“Tuve que tomar medicinas para controlar la ansiedad, porque estaba en shock. Eso de que nosotros fuéramos a que me hicieran una ecografía y la doctora dijera que algo está mal, que el bebé estaba lleno de agua, de líquido amniótico por todo el cuerpo: la cabeza, el corazón, los pulmones. Eso fue terrible, demasiado crítico”, relata.

“Yo estaba hecha un mar de lágrimas. Nos enviaron a la casa y luego -al día siguiente- nos llamó el ginecólogo. Fuimos al hospital. Y, no sé si puedes mencionarlo, mi hijo se llama Jake (ya habíamos escogido ese nombre para él) y – mientras esperábamos, antes de entrar al consultorio- vimos un niño que estaba jugando con un globo blanco y la mamá le gritó desde el otro lado: ‘Jake, come here’. Yo sentí como que era una señal, como que la vida me estaba diciendo algo. Me dio un poquito de alivio”, cuenta.

Sin embargo, el diagnóstico sobre el bebé, segundo hijo de la pareja colombo holandesa, no sería muy alentador. “El doctor vio la ecografía y dijo: no quiero ser portador de malas noticias, pero el niño está muy grave. Puede ser cuestión de horas, puede ser cuestión de días. Me dijeron que tenía que ir a otro lugar que se especializa en casos así. Esa noche dormí muy mal, pasé rezando”, cuenta Grace, al otro lado del teléfono, desde su residencia en Holanda.

Según el diagnóstico, el bebé solo tenía un 5% de probabilidades de sobrevivir, padecía de una enfermedad llamada hidropesia fetal “y el 98% de los niños que tienen eso mueren”, explica Grace.

Pocas esperanzas...

“Al otro día me llamaron del hospital, dos doctores me examinaron y diagnosticaron lo mismo. Después llegó el doctor Frans K. Lumper, que se especializa en estos temas, y dijo lo mismo. Propuso hacer un drenaje para sacar líquido amniótico. Me anestesiaron, me sacaron dos litros y medio de agua. Yo -antes de eso- tenía la barriga gigante, no podía ni caminar”, dice la colombiana.

En principio, el procedimiento funcionó, disminuyó el peligro para el bebé, pero “al tercer día otra vez el niño tenía líquido amniótico. Ahí fue cuando el doctor nos dijo que no nos daba muchas esperanzas. Que solo nos daban un 5% de probabilidades de sobrevivencia para el niño. Nos dijeron que teníamos que estar preparados. ¡Fue terrible!”.

Y, además de esa enfermedad, los médicos encontraron una conexión arterial inusual en el hígado del bebé. “El médico me preguntó que si yo era de Colombia, me dijo que él sabía que los latinos creen mucho en Dios, que me pusiera a rezar, porque solo lo salvaba un milagro. ¡Te lo juro!, yo hice la novena de la Virgen de Guadalupe, le rezaba a todos los santos, todo el día me la pasaba rezando. Dije: este niño se tiene que salvar”, añade.

Un pequeño gran milagro

Mientras Grace estaba hospitalizada, el médico llegó con una noticia que les sembró en sus corazones un rayo de esperanza. El especialista practicaría una cirugía al bebé, en el vientre de su mamá. “En ese momento, el médico me dijo: puede que pasen dos cosas: o que empeoremos o que mejoremos. Yo me puse en las manos de Dios y de una dije que sí”, sostiene Grace. “Introdujeron dos tubitos muy pequeños por mi barriga -añade- y eso se lo incrustaron al niño en la espalda, para drenar el agua que tenía en su cuerpo. Gracias a Dios no hubo complicaciones. De ahí en adelante, cada vez que me hacía una ecografía, había buenas noticias, me mandaron a la casa, estuve en reposo total, no podía casi ni levantarme; los médicos no querían que el bebé naciera antes de tiempo”, sostiene.

Hasta que por fin llegó el día. El 15 de agosto de 2018, cuando tenía 36 semanas de embarazo, sucedió: “Rompí fuente, a las 2 de la madrugada me fui para el hospital de Leiden (ciudad holandesa), donde lo tenían que atender. Los médicos estaban a la expectativa (...) Me habían dicho que, apenas naciera, debía ser atendido por tres doctores especializados, que había que tener una ambulancia para llevarlo a Ámsterdam”, agrega. (También le puede interesar: Más allá de la sordera: Madres que crían hijos exitosos)

“Cuando di a luz, a la una de la tarde, el bebé era una miniatura, medía nada más 42 centímetros. Nació con las medidas de un bebé de 32 semanas. Cuando me lo pusieron en el pecho, lloré, le di gracias a Dios, no podía creer que yo tuviera a mi bebé, que no estuviera así, inflamado, como lo veía en las ecografías”, afirma.

Para sorpresa de los doctores, el pequeño Jake no necesitó oxígeno ni otros cuidados que habían pronosticado para él. Aunque sí fue ingresado a una incubadora porque nació de forma prematura, con el paso de los días mejoró su condición hasta ser dado de alta.

Lo que sucedió con tu hijo, ¿crees que fue un milagro?

- Yo lo digo es porque no había de otra: fue un milagro. A muchos bebés les han hecho el mismo procedimiento, pero no se salvan. Antes de eso, yo no creía en Dios, pero esto me tocó muy a fondo (...) Después de eso, mi bebé pasó como tres veces que también estuvo muy mal y lo tuvieron que operar, ahora está bien. Ahora tiene pendiente una cirugía para corregir algo de una arteria en el hígado, pero es algo sencillo, y después, espero, ya estaríamos alejándonos de los hospitales.

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La dura experiencia con Jake atizó en su madre un talento innato para componer canciones, que surgió cuando era una niña, mientras vivía en Duitama y que ahora florece. “Mi hijo es un milagro, entonces yo hice una promesa a Dios, tenía que contarlo al mundo y la mejor manera de contarlo que tengo es cantar”, dice Grace. “Un día estaba en mi casa y se me metió el ritmo a la cabeza y empecé a escribir un texto súper largo, mi productor tomó las partes más adecuadas para la canción, que se llama ‘Dame tu mano’. Es lo que yo sufrí con él: no me dejes aquí// dame tu mano// te necesito para seguir”, canta.

“Para mí, esta la letra está dedicada a mi hijo, pero mucha gente también la ha idealizado con otras personas. Quise hacer esta canción porque quería contar mi testimonio de vida y para darle esperanzas también a la gente que pueda estar pasando por momentos difíciles, sobre todo en estos tiempos de pandemia”, detalla. Grace comparte su historia precisamente en el mes de las madres, celebrando el maravilloso poder de dar vida, enviando un mensaje de ánimo a quienes estén atravesando por una situación como la que ella vivió y recordando, además, que los milagros sí existen.