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Testimonios de tres exconvictos: rehicieron sus vidas tras las rejas

Un exsicario, un falso positivo y un exfornicario, contaron su cambio de vida en el Primer Encuentro de post-penados de la Confraternidad Carcelaria de Bolívar.

VALERIA VIAÑA PADILLA-EL UNIVERSAL

05 de diciembre de 2021 10:31 AM

¿Hasta qué punto una persona puede sentir deseos de matar a alguien? ¿Por qué un líder social es acusados de trabajar con las Farc? ¿Cómo una persona se libera de las drogas y de las ansias carnales del adulterio?

Hoy, probablemente, te estremezcas con estos tres testimonios de exconvictos que rehicieron sus vidas tras salir de prisión: un exsicario, un campesino que dijo ser víctima de los falsos positivos y otra persona que, aunque no mencionó el crimen por el que pagó, afirmó haber estado atrapado en las drogas y la fornicación. Lea también: Video: la Señorita Cartagena que se prepara para ser pastora cristiana.

Las respuestas emanaban en medio del Primer Encuentro de Post-penados de la Confraternidad Carcelaria Regional Bolívar el pasado 30 de noviembre, en su congregación del barrio San Fernando. Se trata de un grupo religioso que tiene como lema “rescatar almas en las cárceles de Cartagena y Bolívar” y nunca se cansan. Predican. Oran. Y, según dicen, rescatan.

Alfredo

Alfredo pagó una condena de 7 años en la Cárcel de Ternera por un crimen, del que dice, es “inocente”. Lo acusaron de terrorismo, concierto para delinquir y financiar a las Farc cuando vivía en los Montes de María, más específicamente en San Juan Nepomuceno.

Recuerda que para ese entonces en su pueblo se desempeñaba como líder social con jóvenes y comunidades campesinas que exigían sus derechos al Estado. “Recuerdo que en el monte me encontraba con ‘los Aleluya’, quienes me repetían ‘Cristo te ama’ y yo los ignoraba”, dijo, y agregó: “Ahora entiendo que estar en prisión fue un llamado de Dios: Jesús estuvo preso, Jeremías estuvo preso, Juan el bautista estuvo preso, Pablo y Pedro estuvieron presos, y fue entonces cuando comencé a predicar”, señaló.

Un 20 de septiembre Alfredo fue capturado bajo un alias del cual dice, nunca conoció, en el barrio San José de Los Campanos en Cartagena, delante de su familia. Luego fue trasladado hacia la Sijín y ahí estuvo 3 días donde le preguntaron por otros guerrilleros. Frente a una mesa llena de armamentos Alfredo procedió a tomarse la foto como suelen hacerlo con todas las personas acusadas de un crimen. Dice que fue un falso positivo.

“Yo decía, por qué a mí. Me creía perfecto, la última Coca Cola del desierto, pero luego reconocí que era fornicario, peleaba con mi hermano, pero entiendo que la gracias fue para Dios”, reconoció.

Pedro

Ahí estaba Pedro con traje negro, muy elegante. Agarró el micrófono y empezó a narrar su testimonio. Desde muy joven sintió que su vida fracasó. Estuvo preso dos veces, primero en Barranquilla y luego en Cartagena por varios delitos en su contra. Fue precisamente tras las rejas donde, dice, se reivindicó gracias a un proceso espiritual a través de un pastor de la confraternidad. Ahora que ya es libre recuerda que las malas decisiones del pasado dieron como fruto la soledad y el asedio. Contó que desde niño nadie lo guió con principios y valores, sobre todo “a levantarme con un temor y respeto a Dios”.

“Mi vida fracasa en la delincuencia. El enemigo (Diablo) iba tomando una posesión aún mayor en mi vida. Entré a una organización reconocida en Colombia para hurtar y moverme en el sicariato... Esa vida me trajo consecuencias y problemas”, confesó. Le puede interesar: Desde adentro de la cárcel con Judith Pinedo.

A la vida de Pedro vino más violencia. Inició un nuevo cargo en el narcotráfico con el afán de tener dinero en abundancia. “Empecé a sentir ganas de matar a una persona. Luego recluté jóvenes para seducirlos a esa vida. En 2013 terminé en la cárcel de Barranquilla por 9 meses, y aunque recobré la libertad por misericordia de Dios - porque a veces no entendemos el propósito de Él - me hacen un atentado”, dijo.

De los cinco atentados que le hicieron a Pedro, en tres recibió varios disparos en su cuerpo. En el otro balearon a su cuñado, y en el siguiente balearon a su hermana y a un primo.

Así sucesivamente Pedro se involucró en ese estilo de vida. Su agonía llegó al punto de tener pesadillas de ser asesinado en el piso. Hasta que en el último atentado, como un milagro, se salvó de cinco disparos con una miniuzi: “Logré correr, pero además de la camioneta venía una moto y huí. Ahí balearon a mi hermana y a mi primo”, recordó.

Para Pedro fue “¡tremendo!”, reconoció que aún no entendía el llamado espiritual y continuó con el cobro de una extorsión de aproximadamente 90 millones de pesos. “Entonces induje a mi familia: mi hermana empieza a aprender a cocinar y a expender la droga”, confesó el exconvicto.

Junto a su cuñado se involucraron con el sicariato: “El que no nos recibiera la droga le dábamos de baja”.

Pedro huyó a Sincerín. Luego expandió el narcotráfico y la extorsión en más municipios de Bolívar: Malagana, Gambote, Palenque, Gamero, Mahates, San Cayetano, San Pablo, Arjona, entre otros.

Cuando huye a Cartagena con su hijo y esposa, se establecieron en el barrio Fredonia donde iniciaron otros problemas con una reconocida banda delincuencial. “Me dieron una orden para atentar vidas y acepté, pero me enteré que en esos puntos eran mujeres. Dije que no podía, porque en mi familia soy el único varón y del resto puras hermanas”, agregó.

De aquel problema huyó de nuevo a Sincerín donde vendía plátanos. Al conocer los rincones del pueblo ejerció de nuevo el narcotráfico y la extorsión: distribuía la droga los viernes, cobraba los lunes, extendió su actividad ilícita en más municipios de Bolívar: Malagana, Gambote, Palenque, Gamero, Mahates, San Cayetano, San Pablo, Arjona, entre otros. Pero cuando entró a Turbaco para surtir más droga en uno de los puntos con un trabajador, lo capturaron.

“Cuando Dios actúa no hay Diablo, no hay nada que pueda detener ese plan de salvación. La Policía captura a mi trabajador, después llegué a sobornarlos con 2 millones de pesos - porque lo tenía de costumbre - pero la Biblia dice que la autoridad viene de parte de Dios- así que al preguntarme si venía con él dije que sí y me capturaron”. Pedro fue llevado hasta la estación de Arjona donde aparecieron sus anotaciones. Más tarde lo llevaron a la estación del barrio Canapote, en Cartagena, y posteriormente le dictan medida de aseguramiento intramural en la Cárcel de Ternera.

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Estando en prisión siguió en conducta de desobediencia. Entre peleas y más problemas, fue trasladado seis veces entre esa penitenciaría y la cárcel Modelo de Barranquilla. En la audiencia de juicio fue condenado a 400 meses de prisión con 16 procesos en su contra: terrorismo, homicidio y demás.

“Sentí que mi vida acababa, pero en la Biblia dice que Jesús vino a rescatar lo que se había perdido (Lucas 19:10). Después dice que vino a deshacer las obras del Diablo (1 Juan 3:8). Y después menciona que Jesús vino a dar vida y vida en abundancia (Juan 10:10)”.

Hasta que Pedro entendió que “la Palabra” se cumplió en su vida y reconoce que “cuando Dios tiene preparado algo para tu vida, te atrapa”. De su vida también se esfuma el placer del alcohol y las drogas. Ahora Pedro es mototaxista y lidera jóvenes para “rescatar almas al Señor”, para que no pasen lo mismo que él.

Con esa seguridad, considera que pese a tener un pasado tormentoso, sanó, y no recuerda aquella escena con tristeza sino como un propósito de superación para inspirar a otros. Añade que la cárcel, para muchos, es un lugar discriminado, pero considera que ahí “Dios levanta y restaura”, mientras el público le acertaba con un “amén”.

Ismael

La experiencia de Ismael en la Cárcel de Ternera duró 7 años por un crimen del que prefirió no mencionar. Su frustración era muy grande y un día dijo: “El Señor tocó mi corazón”.

“Antes de que me capturaran yo tenía pesadillas, soñaba que me asesinaban. Veía cómo me acribillaban en el piso, y mi mamá soñaba lo mismo”, dijo, y agregó: “Yo quería salir de esa vida pero no podía, era una atadura, yo le decía: Señor, perdóname la vida, que me metan preso, porque mi vida se acababa”.

Estando en prisión dice haber descubierto un mundo “de maldad” con una fuerza “tan fuerte y demoníaca”, pero fue ahí donde según el, entendió que Dios se mueve, porque “los grandes guerreros de Dios se prepararon en la cárcel”.

En la cárcel asistía a las prédicas de la confraternidad, pero solo para comer el refrigerio. Se aburría.

Según Ismael, el Señor rompió las ataduras de drogas, de sexo y una cantidad de pecados que, a su consideración, nadie está en la capacidad de hacer.

Estando en la celda, Ismael pone su mirada en los barrotes y se pregunta por qué lo condenaron a 10 años si su delito era excarcelable. Hoy manifiesta que era una excusa para que en ese tiempo pudiera sanar y limpiar.

“Pensaba en mi hijo y en mi mamá que lloraba cuando me visitaba”, recordó Ismael y desde entonces todo cambió. Y dice que el enemigo lo atacaba tanto que por las noche se drogaba y al día siguiente era lo mismo y sentía la conciencia intranquila para ir a la iglesia.

“Un amigo me habló de que el ayuno y la oración rompían cadenas. Yo no sabía qué era eso. Guardé el desayuno y dije: Si Tú en siete días me quitas el cigarrillo, marihuana, perico, toda la droga y todos los problemas que tengo, creo en ti y te busco”, dijo, y así fue. Esa necesidad se acabó.

Según Ismael, el Señor rompió las ataduras de drogas, de sexo y una cantidad de pecados que, a su consideración, nadie está en la capacidad de hacer.

Estando en la cárcel Ismael se hizo profesional en Administración de Empresas. Más adelante terminó Derecho y está próximo a graduarse, pues todo eso lo hizo en el proceso de resocialización para convictos.

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