Todos somos mentirosos. Quizá esa sea la única “verdad” con la que coinciden todos los expertos en detectar mentiras.
El engaño es un asunto serio. Ha ocupado páginas y páginas de la literatura y la historia.
Todos conocemos a mentirosos célebres, desdichados y, por supuesto, cercanos. Sin embargo, todos, sin excepción, mentimos.
Pamela Meyer, autora estadounidense del libro ‘Detección de mentiras’, ha escrito que todos sus colegas en la detección científica de los engaños parten de tres proposiciones: “La mentira es un acto cooperativo. No todas las mentiras son dañinas. Y, algunas veces, estamos dispuestos a participar en el engaño para mantener la dignidad social, tal vez para guardar un secreto que debe permanecer secreto”.
Mentir es tan antiguo como respirar.
En su libro, Meyer dice que estudios muestran que cada día nos mienten entre 10 y 200 veces. Aunque muchas son mentiras piadosas.
Pero en otro estudio se demostró que los extraños mienten tres veces en los primeros 10 minutos de conocerse.
“No podemos creer que las mentiras sean tan comunes. Estamos esencialmente en contra de la mentira. Pero si prestan atención, las cosas son aún más complicadas: mentimos más a extraños que a compañeros de trabajo. Las personas extrovertidas mienten más que las introvertidas. Los hombres mienten ocho veces más sobre ellos mismos que sobre otras personas. Las mujeres mienten más para proteger a otros. Si son un matrimonio promedio, mentirán a su cónyuge en una de cada 10 interacciones”.
***Luis Gustavo Moreno Rivera, 33 años, llegó a Cartagena el jueves pasado para presentar la tercera edición de su libro El falso testimonio, en el que alerta de la formación y consolidación del ‘cartel de los falsos testigos’ en Colombia.La publicación es el resultado de una investigación metodológica y científica en la que participaron desde científicos forenses hasta ex fiscales y ex magistrados, pasando por testimonios periodísticos y psicológicos.
La premisa, además de que los falsos testigos generan falsos culpables, da cuenta de las personas que han sido injustamente acusadas, encarceladas y condenadas en los procesos penales. Todos han sufrido el escarnio por una misma razón: una mentira -o varias-. Pero en los casos descritos son mentiras sistemáticas y coordinadas para desviar las investigaciones judiciales.
- El falso testimonio se da por muchas razones- dice Luis Gustavo Moreno, magíster en derecho procesal penal-. Se da por venganza, odio, amistad o resentimiento. En el país el fenómeno del Cartel de los falsos testigos empezó con la parapolítica, para los tiempos de la Ley de Justicia y Paz (975 de 2005).
El jurista recoge casos connotados como el del almirante (r) Gabriel Arango Bacci, el exsecuestrado y exdiputado Sigifredo López; y el del exsenador Luis Fernando Velasco.
- Mientras en este país la gente siga mintiendo cómo se hace aquí, nunca va a haber justicia- dice Gabriel Arango Bacci, quien fue declarado inocente por la Corte Suprema de Justicia, tras una batalla legal en la que se le acusaba de estar vinculado con el narcotráfico.
El almirante en retiro recuerda que ha entablado una denuncia ante el Consejo de Estado en contra de la Fiscalía General de la Nación por la injusta privación de su libertad durante 18 meses.
- Han pasado cinco años ya y no se ha sabido nada de cómo va esa investigación- dice Arango Bacci.
De acuerdo con Luis Gustavo Moreno, el cartel de testigos falsos opera en casi todos los sectores de la sociedad, está presente en todas las regiones del país y se sustenta en buena parte en “nuestra vetusta legislatura sobre el falso testimonio”, es decir, “se necesita una legislación más fuerte que ataje la mentira”.
- Las cárceles deben estar llenas de inocentes- sentencia Arango Bacci.
¿Y cuántos culpables andan sueltos por la misma razón?
***Mentir es complicado. “Forma parte de nuestra vida cotidiana y laboral. Somos profundamente ambiguos sobre la verdad. Estamos en contra de la mentira, pero, en secreto, a favor de ella, en formas que nuestra sociedad ha sancionado durante siglos y siglos”, dice Pamela Meyer, la experta en detección de mentiras.
Henry Oberlander, dice la norteamericana, era tan buen estafador que las autoridades británicas dijeron que pudo haber quebrantado por completo el sistema bancario de los países occidentales. Una vez Henry fue entrevistado y dijo lo siguiente: “Tengo una regla: todos están dispuestos a darte algo, preparados para darte algo, a cambio de lo que más desean”.
Esa es la esencia del problema. Si no quieres ser engañado, dice la experta, tienes que saber, ¿qué es lo que deseas?
Mentir tiene un valor evolutivo para nuestra especie. Los investigadores saben desde hace tiempo que cuanto más inteligente es una especie, mayor es el neocórtex -cerebro racional- y mayores son las posibilidades de ser mentiroso.
Según Pamela Meyer, comienza desde una edad muy temprana. Los bebés fingen el llanto, hacen una pausa para ver si alguien viene, y continúan llorando. Los niños de un año ocultan. Los de dos años disimulan. Los de cinco años mienten sin reservas. Manipulan mediante halagos. A los nueve años son maestros del encubrimiento.
Epílogo con indicadores“La ciencia ha descubierto muchos más indicadores. Sabemos, por ejemplo, que los mentirosos cambian la velocidad del parpadeo, dirigen sus pies hacia alguna salida. Toman objetos como barreras y los colocan entre ellos y la persona que los interroga. Alteran su tono de voz, frecuentemente disminuyéndolo”.
El asunto es que estos comportamientos son sólo comportamientos. No son prueba definitiva del engaño. Son indicadores. “Hacemos gestos engañosos todo el tiempo”. No significan nada por sí mismos. “Pero cuando los observas en grupo, ahí está la señal”.
“Cuando combinas la ciencia de la detección del engaño con el arte de observar y escuchar, evitas formar parte de una mentira”.
Se empieza por ese camino, ser un poco más explícito.




